Los autónomos y la jubilación: un colectivo especialmente vulnerable que debe planificar su retiro a conciencia

Actualidad | 31.07.2018

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Uno de las peculiaridades de los autónomos es que la gran mayoría deciden voluntariamente cotizar por la base mínima, con el impacto que esto tiene en la futura pensión.

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En un entorno de déficit en el sistema público de pensiones, ahorrar para la jubilación es algo más que una opción recomendable: puede marcar la diferencia entre una jubilación desahogada y una jubilación con aprietos. ¿Por qué lo necesario de este ahorro? Porque hay que cubrir una brecha creciente entre los ingresos que provee la pensión pública y el nivel de ingresos necesarios para vivir la jubilación que deseamos. Recordemos que la tasa de sustitución (relación entre la pensión y el último salario) actual para un salario medio en España es de aproximadamente el 80%, pero podría haberse reducido hasta niveles del 50% a mediados del presente siglo, según opinión de muchos expertos. ¿Quieres sabes qué nivel de ahorro necesitarás en tu jubilación? Prueba el Simulador de Aportaciones.

Esta lectura, aplicable a cualquier persona que todavía tenga que abordar su jubilación cobra especial importancia si cabe en el caso de los trabajadores autónomos. ¿Por qué? Porque el trabajo de los autónomos y el régimen en el que cotizan a la Seguridad Social, el RETA, tienen una serie de características que pueden hacer de estos trabajadores un colectivo especialmente vulnerable en su jubilación. 


La vida laboral de los autónomos

Los autónomos tienden a llevar a cabo vidas laborales más irregulares que los trabajadores por cuenta ajena. Es normal en un autónomo encontrar periodos en los que no se ha trabajado y en consecuencia no se ha cotizado, explicados por circunstancias como caídas de la actividad o cese de negocios, una circunstancia que además se encuentra muy poco protegida, dado que, aunque existe la posibilidad de cotizar por cese de negocio (paro de los autónomos), muy pocos lo hacen.


Las peculiaridades del RETA

El régimen de autónomos tiene una estructura muy parecida al régimen general, aquel en el que cotizan los trabajadores por cuenta ajena. Sin embargo, destacan tres características:

  1. Los autónomos eligen la base por la que desean cotizar con total libertad, hasta que a la edad de 47 años se encuentran con restricciones al incremento de la base de cotización. Una gran mayoría de los autónomos, en torno al 90%, deciden cotizar por la base mínima. Bases mínimas derivan en prestaciones menores, dado el principio de proporcionalidad contributiva en el que se basa la Seguridad Social.
  2. El RETA no cuenta con un mecanismo de integración de lagunas de cotización (periodos en los que no se ha cotizado) como sí ocurre en el régimen general. Esto quiere decir que los periodos sin cotización que se encuentran dentro de los años computables para el cálculo de la pensión se integran por base cero, lo que penaliza especialmente la cuantía de la pensión de jubilación.
  3. Los trabajadores por cuenta propia no cuentan con la modalidad de jubilación anticipada por cese involuntario. Solo pueden hacerlo en caso de cese voluntario hasta dos años antes de la edad ordinaria que les corresponda, y siempre que acrediten una larga carrera de cotización.

Así, según datos de la Seguridad Social, los autónomos causan pensiones de jubilación, en media, aproximadamente un 40% inferiores a la de los trabajadores por cuenta ajena. Dado que sus necesidades en la jubilación no tienen por qué ser inferiores a la de un asalariado, pueden encontrarse con un serio déficit de ingresos en la jubilación.


Recomendaciones para autónomos que quieran planificar su jubilación

Los autónomos tienen básicamente dos ámbitos de actuación:

  1. A través de sus cotizaciones: Es necesario intentar acercar la base de cotización a los ingresos reales. Al comienzo de la actividad es lógico cotizar por la base mínima, para facilitar la viabilidad del negocio. Sin embargo, a medida que la actividad despunta es importante tener visión de futuro en cuanto a las cotizaciones y aumentar el nivel de las mismas.
  2. Tener siempre un plan de ahorro: no hay secretos en el ahorro para la jubilación: las dos claves son la antelación y la constancia. Pequeñas aportaciones a, por ejemplo, un plan de pensiones iniciadas en los primeros años de vida profesional y mantenidas de forma constante obran milagros en el largo plazo. La ventaja de las aportaciones a planes de pensiones es que son flexibles: si un mes no puedes aportar, no ocurre nada. Puedes incrementar la aportación del mes siguiente para compensarlo. Tú decides siempre cómo y cuánto aportas. Ah, y ahorraras impuestos con las aportaciones, dado que reducen la base imponible de IRPF.

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