Las cinco fases de la planificación financiera

Actualidad | 08.01.2019

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La planificación financiera está al alcance de cualquiera, con independencia de la edad o el nivel de rentas. Éstas son las claves para la consecución de los objetivos financieros.

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Conseguir alcanzar los objetivos financieros no es una tarea tan sencilla como ahorrar, entendido como ponerse a acumular dinero. La consecución de las metas requiere un análisis más profundo y, sobre todo, la elaboración de un plan con el que asegurarnos que disponemos tanto del horizonte temporal como de los recursos suficientes para poder llevar a buen puerto este propósito. Para todo este proceso será de gran utilidad la planificación financiera, un concepto que vio la luz en los Estados Unidos de los años 70 como respuesta a la necesidad de que tanto empresas como individuos pudieran manejar todas las variables que puedan afectar a sus finanzas.

La planificación financiera nos permite analizar la situación económica actual, establecer objetivos y diseñar la estrategia que permita alcanzar dichas metas. Parte de un momento inicial, en el que se cuenta o no con ciertos recursos y termina en la fase en la que se alcanzan los objetivos marcados. En concreto, podemos distinguir cinco fases en un proceso de planificación financiera:

  1. Definición de objetivos: Parece obvio, pero no todos los ahorradores tienen claro para qué ahorran. Es muy importante saber cuál es la meta y cuantificarla. También definir el horizonte temporal del que se dispone, una variable que marcará definitivamente cómo vamos a actuar. Y, también, es muy importante priorizar entre objetivos, ya que en muchos momentos concurrirán varios.
  2. Analizar los recursos: Por un lado, hacer balance de la situación financiera del momento inicial, y si hay recursos en dicho momento que se pueden destinar al objetivo. Por otro lado, cuantificar cuál es la capacidad de ahorro mensual y qué parte de dicho ahorro podemos destinar al objetivo.
  3. Establecer la estrategia: En este punto, se trata de plasmar, en definitiva, cómo vamos a invertir para, ajustándonos al nivel de riesgo adecuado en todo momento, tratar de maximizar la rentabilidad para lograr las metas. Se valorarán variables como el horizonte temporal, el perfil de riesgo o las necesidades de liquidez para llegar a una distribución de activos, es decir, el mapa de nuestra inversión: cuánto se invierte en renta variable, cuánto en renta fija, cuánto en divisas diferentes a la local, etc. Este es un punto clave. Diversos estudios demuestran que la asignación de activos puede explicar hasta el 90% de la rentabilidad de una cartera.
  4. Ejecutar la estrategia: Es el momento de decidir en qué vehículos de inversión nos vamos a basar para crear una cartera que responda a la estrategia anteriormente definida. Aquí deben tenerse en cuenta aspectos como la fiscalidad, que pueden llevar a la preferencia de unos vehículos sobre otros. Existen muchas clases de activos, como inversión directa en renta variable, bonos, fondos de inversión, planes de pensiones, etc. La clave: una cartera bien diversificada.
  5. Analizar la evolución: Es esencial hacer un seguimiento periódico de las inversiones. En ocasiones, es necesario replantear la estrategia, bien por no haber afinado plenamente en su definición, o bien porque han cambiado las circunstancias. Hay objetivos financieros a muy largo plazo, como la jubilación, en los que el enfoque es muy diferente al comienzo que al acercarse al objetivo. Hacer un seguimiento periódico es esencial para evitar desviarse del camino que conduce a las metas.

En BBVA queremos ser los compañeros de tu viaje a tus objetivos financieros. Tenemos muchas soluciones para allanarte el camino.



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