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Claves semanales del 28 de septiembre al 2 de octubre de 2026

BBVA AM España

28 de septiembre de 2026

La economía mundial continúa desenvolviéndose en un entorno contradictorio: la tensión geopolítica mantiene elevados y volátiles los precios de la energía, los principales bancos centrales han retomado el endurecimiento monetario y las rentabilidades de la deuda soberana han alcanzado máximos de varios años, pero la actividad económica sigue mostrando una resistencia considerable.

Monitor de mercado

Resiliencia económica global y tensión energética: claves, inflación y tipos

Tres factores ayudan a explicar esta fortaleza: un ciclo de inversión en inteligencia artificial que continúa acelerándose, unos beneficios empresariales excepcionalmente sólidos y un consumo que, por ahora, soporta unas condiciones financieras más exigentes. Estados Unidos sigue siendo el principal motor de la economía global, Europa está evolucionando mejor de lo esperado y China permanece débil, aunque lejos de una situación de crisis.

La energía continúa siendo la principal fuente de incertidumbre. El Brent volvió a acercarse a los 110 dólares por barril durante la semana, reaccionando violentamente a cada noticia sobre el conflicto entre Estados Unidos e Irán. La reapertura del oleoducto saudí Este-Oeste y las informaciones sobre posibles negociaciones provocaron inicialmente una caída del crudo, pero el endurecimiento posterior de la retórica devolvió rápidamente la presión alcista. Al cierre de la semana, el petróleo permanecía alrededor de 104 dólares, pese a conocerse que Washington y Teherán estarían discutiendo un acuerdo gradual para reabrir el estrecho de Ormuz y avanzar posteriormente hacia una negociación más amplia. El problema no se limita al crudo: las tensiones sobre los productos refinados continúan siendo especialmente importantes, con los márgenes europeos del diésel alcanzando niveles extraordinariamente elevados durante la semana.

En el ámbito geopolítico, la cumbre entre Estados Unidos y China tuvo más valor simbólico que contenido económico. Ambos países mostraron voluntad de mantener abierto el diálogo y evitar una nueva escalada, pero apenas hubo avances concretos en comercio, inteligencia artificial o las principales cuestiones estratégicas. El resultado más tangible fue la extensión durante dos meses de la tregua comercial, hasta el 10 de enero de 2027, un plazo incluso inferior al que esperaba el mercado. La ausencia de reducciones arancelarias confirma que Washington y Pekín están priorizando la gestión de sus diferencias sobre cualquier intento de normalización profunda. En Taiwán e Irán también se establecieron ciertos límites al enfrentamiento, pero sin resolver las discrepancias fundamentales.

Frente al ruido geopolítico, los indicadores de actividad han sorprendieron favorablemente. En Estados Unidos, el PMI compuesto de septiembre avanzó con fuerza hasta los 58,4 puntos, prolongando la mejora observada durante los últimos trimestres y reforzando la percepción de una economía todavía muy dinámica. Conviene, no obstante, evitar extrapolar mecánicamente estos niveles hacia el crecimiento futuro, pero la señal encaja con otras evidencias de resistencia de la demanda estadounidense. En Europa, la sorpresa también fue positiva: el PMI compuesto de la eurozona aumentó hasta los 53,1 puntos, con mejoras tanto en manufacturas como en servicios. Alemania prolongó claramente su recuperación, mientras Francia regresó a terreno expansivo por primera vez desde noviembre de 2025.

Esta mejora de la actividad europea tiene, sin embargo, una contrapartida menos favorable. Los costes de los insumos volvieron a acelerarse con intensidad, sugiriendo que está tomando forma una segunda oleada de presiones sobre los costes empresariales. El incremento de los precios de venta fue bastante más moderado, señal de que las compañías todavía no pueden trasladar completamente las presiones de precios a los consumidores y están absorbiendo parte del impacto mediante menores márgenes. Reino Unido presentó una dinámica diferente: su PMI compuesto descendió hasta 51,7 puntos, con moderación tanto en servicios como en manufacturas. También allí aumentaron los costes, pero la limitada capacidad de repercutirlos a precios finales sugiere que la debilidad relativa de la demanda podría contener los efectos inflacionistas de segunda ronda.

La combinación de actividad resistente y energía cara está complicando considerablemente el panorama monetario. La comunicación de la Reserva Federal mantuvo durante la semana un tono prácticamente unánime en favor de una política restrictiva, con varios miembros reforzando la idea de que los tipos actuales quizá todavía no sean suficientemente elevados para garantizar un retorno oportuno de la inflación al objetivo.

Las señales inflacionistas, entretanto, continúan siendo elevadas. Las expectativas de inflación a un año de los consumidores estadounidenses aumentaron desde el 4,0% hasta el 4,6% en septiembre, reflejando especialmente el encarecimiento de los combustibles. Las expectativas de largo plazo permanecen mucho más contenidas, pero también algo por encima de sus medias históricas. En la eurozona, el impacto energético debería hacerse más visible en los próximos datos y se espera una aceleración significativa de la inflación general en septiembre, mientras la subyacente mostraría un comportamiento mucho más moderado.

La consecuencia más evidente para los mercados ha aparecido en la renta fija. Las ventas de deuda soberana fueron generalizadas durante la semana y llevaron las rentabilidades a máximos de muchos años. El Treasury estadounidense a diez años llegó a superar el 5,2%, su nivel más elevado desde 2007, mientras el treinta años rebasó el 5,5%, algo que no ocurría desde 2004. El movimiento no fue exclusivamente estadounidense: Bunds, gilts y deuda japonesa también sufrieron fuertes ventas. Detrás del ajuste confluyen unos datos de actividad mejores de lo esperado, bancos centrales más restrictivos, energía persistentemente cara y una creciente preocupación por las trayectorias fiscales.

En conjunto, el escenario global continúa siendo de crecimiento sorprendentemente resistente, pero a un precio cada vez mayor en términos de inflación y rentabilidades financieras. La fortaleza económica reduce por ahora el riesgo de una desaceleración severa y proporciona soporte a los beneficios empresariales, pero simultáneamente dificulta que los bancos centrales puedan relajar su política y mantiene elevada la presión sobre los mercados de bonos. Si la energía sigue cara y la actividad continúa sorprendiendo al alza, la persistencia de tipos reales elevados y unas rentabilidades soberanas cada vez más exigentes terminará constituyendo una prueba más seria para hogares, empresas y valoraciones financieras.