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Claves semanales del 22 al 26 de junio de 2026

BBVA AM España

22 de junio de 2026

Durante la primera mitad de 2026, los mercados han estado dominados por tres grandes fuerzas: la evolución del conflicto entre Estados Unidos e Irán, la transición hacia una nueva etapa de política monetaria bajo el liderazgo de Kevin Warsh en la Reserva Federal y la continuidad del extraordinario ciclo de inversión asociado a la inteligencia artificial. De cara al segundo semestre, estos tres factores seguirán siendo determinantes para la evolución de la economía global y de los activos financieros.

Monitor de mercado

Mercados 2026: El acuerdo de EE.UU. e Irán y la nueva era de la Fed sacuden las bolsas

El acontecimiento más relevante de los últimos días ha sido la firma del acuerdo provisional entre Estados Unidos e Irán, que abre un periodo de negociación de 60 días para alcanzar un pacto más amplio sobre el programa nuclear iraní y garantiza la reapertura del Estrecho de Ormuz. La reacción de los mercados ha sido inmediata: el petróleo ha corregido con fuerza, a medida que los flujos marítimos comienzan lentamente a normalizarse. No obstante, el proceso será complejo y estará condicionado por la evolución de otros focos de tensión regional, especialmente en Líbano. La estabilidad del acuerdo dependerá tanto de la evolución de las negociaciones nucleares como de la capacidad de contener las dinámicas de confrontación entre Israel y los distintos grupos respaldados por Teherán.

El diagnóstico por regiones: EE.UU., China y Europa

En Estados Unidos, la economía continúa mostrando una fortaleza notable. El consumidor sigue siendo el principal motor del crecimiento y los últimos datos de ventas minoristas sorprendieron positivamente, desafiando las previsiones de desaceleración asociadas al encarecimiento previo de la energía. El crecimiento del consumo y la resiliencia del mercado laboral permiten mantener una expectativa de expansión económica superior al 2% durante este año, muy por encima de lo que suele observarse en una fase tan madura del ciclo. La inversión empresarial también sigue mostrando dinamismo, impulsada en gran medida por el desarrollo de infraestructuras vinculadas a la inteligencia artificial.

China presenta una realidad muy diferente. Mientras los sectores tecnológicos y exportadores continúan creciendo con fuerza, la demanda doméstica sigue mostrando señales de debilidad. Las ventas minoristas han entrado en terreno negativo y la inversión en activos fijos continúa deteriorándose, reflejando los efectos persistentes del ajuste inmobiliario, la moderación del crédito y una confianza limitada por parte de los consumidores. La economía china mantiene capacidad de crecimiento, pero cada vez depende más del sector tecnológico, las exportaciones y la inversión pública para compensar la debilidad estructural de la demanda interna.

Europa se sitúa en una posición intermedia. La actividad económica continúa creciendo, aunque a un ritmo claramente inferior al de Estados Unidos. La industria sigue mostrando dificultades, especialmente en las economías centrales, mientras que los servicios ofrecen algo más de resistencia. La caída reciente del petróleo supone un alivio importante para empresas y consumidores europeos, reduciendo uno de los principales riesgos para la región. Aun así, el crecimiento previsto para la eurozona continúa siendo modesto y muy dependiente de la evolución de la confianza empresarial y de la recuperación de la inversión.

El dilema central: Inflación y la nueva doctrina de la Fed

La inflación sigue siendo el gran desafío para los bancos centrales. Aunque la caída de los precios energéticos contribuye a moderar las presiones sobre los índices generales, las tasas subyacentes permanecen relativamente elevadas en numerosas economías desarrolladas. En la eurozona, la inflación de servicios sigue siendo el principal foco de preocupación, mientras que en Estados Unidos los indicadores de actividad sugieren que la economía mantiene suficiente impulso como para dificultar una rápida convergencia hacia el objetivo del 2%.

En este contexto, la gran novedad de la semana fue el cambio de tono de la Reserva Federal. Kevin Warsh inauguró una nueva etapa caracterizada por una comunicación más escueta, con menor disposición a anticipar sus próximos movimientos y un énfasis mucho más marcado en la lucha contra la inflación. Aunque los tipos permanecieron sin cambios, el mensaje fue inequívocamente restrictivo. La Fed eliminó cualquier sesgo explícito hacia futuras bajadas de tipos y reforzó su compromiso con la estabilidad de precios, incluso a costa de asumir mayores riesgos sobre el crecimiento económico. El mercado reaccionó revisando al alza las probabilidades de nuevas subidas de tipos. Asimismo, este enfoque también cimentó la credibilidad de la institución y la percepción de que las decisiones de política monetaria seguirán guiándose por la evolución de la inflación y la actividad económica, y no por consideraciones políticas.

Por su parte, el Banco de Japón continúa avanzando lentamente hacia la normalización monetaria. La reciente subida de tipos hasta el 1% representa un hito histórico para una economía acostumbrada durante décadas a convivir con tipos cercanos a cero. Al mismo tiempo, la institución sigue reduciendo progresivamente sus programas de compra de activos, aunque manteniendo una aproximación prudente para evitar tensiones excesivas en los mercados financieros.

En definitiva, el escenario para la segunda mitad del año sigue siendo constructivo. La combinación de crecimiento resiliente, normalización progresiva de las tensiones energéticas y continuidad del ciclo inversor asociado a la inteligencia artificial proporciona un soporte importante para los mercados. Sin embargo, los riesgos no han desaparecido. La estabilidad del acuerdo entre Estados Unidos e Irán, la evolución de la inflación y la capacidad de los bancos centrales para gestionar un entorno de tipos elevados seguirán siendo los principales factores que determinarán la evolución de los activos financieros durante los próximos meses.