Claves semanales del 19 al 23 de octubre de 2026
19 de octubre de 2026
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La economía mundial ha demostrado durante los últimos años una capacidad de resistencia extraordinaria frente a perturbaciones que, en otras circunstancias, habrían provocado una desaceleración mucho más intensa.
Monitor de mercado


Incertidumbre en la IA y Tipos de Interés: Claves de la Economía Global
El aumento de los aranceles comerciales, el encarecimiento de la energía y la subida de los tipos de interés hasta niveles no observados en décadas no han conseguido interrumpir la expansión global. Sin embargo, esta resistencia comienza a mostrar algunas vulnerabilidades importantes, relacionadas fundamentalmente con la creciente dependencia del ciclo de inversión en inteligencia artificial. Las turbulencias recientes en las compañías tecnológicas y en los instrumentos de financiación de centros de datos han reabierto el debate sobre la sostenibilidad de uno de los principales motores del crecimiento económico y de los mercados financieros.
La inteligencia artificial desempeña actualmente una doble función. Por una parte, genera una demanda inmediata de infraestructuras, semiconductores, equipamiento tecnológico y energía, proporcionando un impulso considerable a la inversión empresarial y a la actividad manufacturera. Por otra, alimenta unas expectativas de productividad y beneficios futuros que sostienen las valoraciones bursátiles y favorecen las condiciones financieras de las compañías vinculadas a este ecosistema. Esta combinación ha permitido que una parte importante de la economía permanezca relativamente aislada del endurecimiento monetario. Sin embargo, los sectores ajenos al ciclo tecnológico sí están acusando los efectos de los tipos elevados y del aumento de los costes, lo que significa que la resistencia agregada depende cada vez más de la continuidad de las inversiones en inteligencia artificial.
Las tensiones de esta semana han puesto de manifiesto esa dependencia. La fuerte corrección de los bonos de CoreWeave, compañía especializada en infraestructura de inteligencia artificial, trasladó al mercado de crédito las dudas sobre la financiación de los centros de datos. Al mismo tiempo, las informaciones sobre una moderación del crecimiento de los ingresos de Anthropic reavivaron las preguntas sobre la velocidad a la que las empresas tecnológicas podrán monetizar sus inversiones. La presión se extendió rápidamente a las bolsas, especialmente a los índices con mayor concentración tecnológica. Aunque episodios anteriores de incertidumbre terminaron superándose gracias a unos resultados empresariales mejores de lo esperado, la creciente madurez del ciclo tecnológico hace que la capacidad de generar ingresos y beneficios suficientes para justificar las inversiones comprometidas adquiera una importancia cada vez mayor. La próxima temporada de resultados será, por tanto, especialmente relevante para determinar si las dudas recientes constituyen una corrección transitoria o anticipan una moderación más persistente del ciclo inversor.
Paradójicamente, el deterioro de las bolsas tecnológicas ha proporcionado cierto alivio a los mercados de renta fija. La búsqueda de activos refugio favoreció la recuperación de los bonos soberanos y permitió que la rentabilidad del Treasury estadounidense descendiera apreciablemente. Sin embargo, esta mejoría encierra una contradicción importante: el mismo ciclo de inversión que está siendo cuestionado ha contribuido a sostener el crecimiento económico y, con ello, a hacer más tolerables los elevados déficits públicos. Si las dudas sobre la inteligencia artificial terminaran traduciéndose en una desaceleración significativa, las rentabilidades podrían beneficiarse inicialmente de menores expectativas de tipos, pero los problemas fiscales permanecerían intactos y podrían adquirir mayor protagonismo.
En Europa, las tensiones soberanas continúan concentrándose en Francia, donde la prima de riesgo frente a Alemania permanece alrededor de 138 puntos básicos. La posibilidad de una intervención del Banco Central Europeo ha ganado presencia en el debate, aunque los instrumentos disponibles están concebidos para responder a movimientos desordenados e injustificados que comprometan la transmisión monetaria, no para resolver desequilibrios presupuestarios nacionales. Tampoco una eventual suspensión de la reducción del balance del BCE ofrecería necesariamente un alivio decisivo, dado que las necesidades de emisión de deuda seguirían siendo elevadas. Mientras tanto, la atención comienza a desplazarse hacia el presupuesto británico de finales de octubre, donde el aumento de la recaudación nominal asociado a la inflación podría proporcionar un margen fiscal algo mayor del previsto.
En Estados Unidos, la combinación de una inflación persistente y una robusta demanda interna continúa complicando las perspectivas de política monetaria. Las últimas cifras de precios han confirmado que el encarecimiento de la energía comienza a trasladarse a otros componentes de la inflación, aunque todavía no existen evidencias concluyentes de una aceleración generalizada y sostenida de las presiones subyacentes. Por su parte, el consumo privado mantiene un dinamismo considerable, si bien comienzan a observarse señales de moderación del gasto discrecional y de una mayor presión sobre la capacidad adquisitiva de los hogares. Este equilibrio entre resistencia económica y persistencia inflacionista mantiene abierta la posibilidad de nuevas subidas de tipos por parte de la Reserva Federal.
En este contexto, el escenario monetario estadounidense se ha vuelto algo más restrictivo. Aunque una subida en octubre parece poco probable, ante la ausencia de señales claras de urgencia por parte de la Reserva Federal, las perspectivas apuntan a un incremento de 25 puntos básicos en diciembre y otro adicional en enero de 2027, que situarían el rango objetivo de los fondos federales en el 4,25%-4,50%. La expectativa es que los tipos permanezcan posteriormente en esos niveles durante buena parte de 2027, reflejando la dificultad para devolver la inflación al objetivo del 2% mientras la actividad mantenga su fortaleza.
Finalmente, la geopolítica continúa representando una fuente adicional de incertidumbre para la inflación y los mercados. La intensificación de los ataques sobre infraestructuras energéticas en Rusia y Ucrania, junto con el recrudecimiento de las tensiones en Oriente Medio y las amenazas al transporte marítimo por el estrecho de Ormuz, han impulsado el Brent hacia los 110 dólares por barril. Aunque se contempla una posible flexibilización de algunas restricciones al transporte de petróleo ruso e iraní, la escasez de inventarios y los riesgos sobre el suministro continúan dificultando una normalización de los precios energéticos.
En las últimas horas, la batería macroeconómica china de septiembre confirmó una estabilización de la actividad, apoyada en la aceleración de los estímulos fiscales y la fortaleza del sector industrial. El PIB del tercer trimestre aceleró desde el 4,3% hasta el 4,5% interanual, ligeramente por encima del 4,4% esperado, situando el crecimiento acumulado del año en el 4,6% y manteniendo al alcance el objetivo oficial del gobierno. La producción industrial avanzó un 5,5% interanual, en línea con el consenso, impulsada especialmente por las manufacturas de alta tecnología. Las ventas minoristas también sorprendieron favorablemente, acelerándose desde el 0,4% hasta el 1,1%, frente al 0,5% previsto, aunque parte de la mejora respondió a efectos temporales asociados al calendario festivo. Por su parte, la inversión en activos fijos continuó cayendo un 7,2% en el conjunto del año, aunque su retroceso interanual se moderó, mientras la inversión inmobiliaria profundizó su caída hasta el 20,6%.
