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Claves semanales del 20 al 24 de julio de 2026

BBVA AM España

20 de julio de 2026

La economía mundial afronta el verano con un escenario más complejo del que se anticipaba hace apenas unas semanas. El principal cambio proviene del deterioro del contexto geopolítico en Oriente Medio, cuya repercusión se está trasladando de forma inmediata a los mercados energéticos.

Monitor de mercado

El impacto geopolítico en la energía y el riesgo de estanflación

La intensificación de las tensiones en torno al estrecho de Ormuz ha reducido significativamente el tráfico marítimo, elevando el precio del petróleo y del gas natural en un momento especialmente delicado, ya que los inventarios globales de crudo se encuentran en niveles históricamente bajos. Este contexto incrementa el riesgo de que cualquier interrupción adicional en el suministro tenga un impacto desproporcionado sobre los precios de la energía y, por extensión, sobre la inflación mundial.

Esta evolución vuelve a situar sobre la mesa el riesgo de un escenario de estanflación moderada: un entorno caracterizado por una inflación más persistente derivada de un shock de oferta, mientras el crecimiento económico pierde algo de dinamismo. Aunque por el momento la actividad continúa mostrando una notable capacidad de resistencia, el aumento de los costes energéticos podría convertirse en un factor de presión tanto para consumidores como para empresas durante los próximos meses.

Radiografía económica: Estados Unidos, la eurozona y China

En Estados Unidos, las últimas referencias de inflación han aportado cierto alivio. Los datos de junio sorprendieron favorablemente, con una moderación tanto de la inflación general como de la subyacente. La caída de los precios de la gasolina explicó buena parte del descenso de la inflación general, mientras que la inflación de servicios también mostró señales de moderación. Asimismo, las presiones sobre los bienes parecen haberse suavizado tras disiparse parte del impacto de las tensiones comerciales anteriores. Sin embargo, este comportamiento positivo podría resultar transitorio. El reciente repunte del petróleo vuelve a introducir riesgos alcistas para la inflación en los próximos meses, especialmente si las tensiones geopolíticas persisten y terminan afectando de forma más amplia a las cadenas globales de suministro.

A pesar de ello, la economía estadounidense sigue mostrando una notable fortaleza. El consumo privado continúa creciendo a un ritmo sólido, apoyado por un mercado laboral que mantiene un comportamiento resiliente, mientras que las ventas minoristas reflejan una demanda interna todavía robusta. Todo ello apunta a que el crecimiento económico seguirá siendo positivo durante el segundo trimestre, reforzando la idea de que Estados Unidos continúa liderando el crecimiento entre las principales economías desarrolladas.

En la eurozona, el panorama presenta un equilibrio algo más delicado. La inflación continúa moderándose gradualmente y las últimas cifras se sitúan próximas al objetivo del Banco Central Europeo. Sin embargo, la evolución futura dependerá en gran medida del comportamiento de la energía. El encarecimiento reciente tanto del petróleo como del gas coincide, además, con unos niveles de almacenamiento de gas inferiores a los habituales para esta época del año, lo que aumenta la sensibilidad de Europa ante posibles interrupciones del suministro. Al mismo tiempo, algunos indicadores de actividad han sorprendido positivamente. La producción industrial ha mostrado una evolución más sólida de lo esperado, especialmente en economías como Alemania y España, lo que sugiere que la actividad mantiene una mayor capacidad de resistencia de la que anticipaban las encuestas empresariales.

China continúa ofreciendo una imagen más heterogénea. El crecimiento económico del segundo trimestre resultó inferior a las previsiones, reflejando una demanda interna todavía débil tras la pérdida de impulso de los estímulos fiscales y una menor expansión del crédito. En contraste, el sector exterior sigue mostrando un comportamiento mucho más favorable, apoyando la actividad gracias a la fortaleza de las exportaciones. Todo ello dibuja una economía desequilibrada, donde la recuperación continúa dependiendo en exceso de la demanda internacional. La expectativa es que nuevas medidas de estímulo permitan recuperar parte del crecimiento durante la segunda mitad del año, aunque el ritmo seguirá siendo inferior al observado en ejercicios anteriores.

La postura de los bancos centrales ante la inflación

En este contexto, los principales bancos centrales parecen inclinados a mantener una actitud prudente. La Reserva Federal dispone ahora de argumentos para mantener los tipos de interés sin cambios tras la moderación reciente de la inflación. No obstante, el discurso continúa siendo claramente vigilante. Las autoridades monetarias consideran que aún existen riesgos inflacionistas relevantes y mantienen abierta la posibilidad de endurecer nuevamente la política monetaria si el proceso de desinflación se interrumpe. La evolución de los precios energéticos y su posible transmisión al conjunto de la economía será uno de los principales elementos que condicionen las próximas decisiones.

El Banco Central Europeo también parece encaminado a mantener una pausa en su proceso de ajuste. Aunque la inflación reciente ha evolucionado algo mejor de lo esperado, el deterioro del escenario energético aconseja prudencia antes de considerar nuevos movimientos. El equilibrio entre una inflación todavía resistente y un crecimiento que continúa siendo moderado obliga a la institución a mantener un enfoque muy dependiente de los datos que se publiquen durante los próximos meses.

Desde la perspectiva de los mercados financieros, las últimas semanas han supuesto un aumento significativo de la volatilidad. El encarecimiento de la energía ha impulsado las materias primas, mientras que algunos de los segmentos que habían liderado las subidas bursátiles durante los últimos meses, especialmente las compañías vinculadas a los semiconductores y al desarrollo de la inteligencia artificial, han experimentado correcciones relevantes. Parte de este movimiento responde a la toma de beneficios tras unas valoraciones muy exigentes, pero también refleja una mayor cautela de los inversores ante un entorno macroeconómico menos favorable.

En conjunto, el escenario continúa siendo compatible con un crecimiento económico positivo a escala global, aunque acompañado de un incremento de los riesgos. La resiliencia que siguen mostrando Estados Unidos y, en menor medida, Europa contrasta con la fragilidad de China y con un contexto geopolítico que vuelve a convertirse en el principal factor de incertidumbre para los mercados. Si las tensiones en Oriente Medio logran estabilizarse, el proceso de moderación de la inflación podría reanudarse gradualmente y permitir a los bancos centrales mantener una política monetaria estable. Sin embargo, una prolongación del conflicto, acompañada de nuevas subidas del petróleo y del gas, obligaría a replantear este escenario, retrasando la normalización monetaria y aumentando la volatilidad en los mercados financieros.