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Claves semanales del 26 al 30 de enero de 2026

BBVA AM España

26 de enero de 2026

El arranque de 2026 está dejando una sensación incómoda pero ya familiar para los mercados: el ruido político es constante, intenso y potencialmente desestabilizador, pero su impacto económico efectivo sigue siendo, por ahora, limitado.

Monitor de mercado

La secuencia reciente en torno a Groenlandia, con amenazas abruptas, correcciones de mercado y una rápida desescalada, encaja en un patrón que los inversores han aprendido a reconocer. La reacción inicial es violenta, pero la implementación final suele ser mucho menos extrema de lo anunciado. Ese aprendizaje explica por qué, tras unos días de tensión, los activos de riesgo han recuperado prácticamente los niveles previos y por qué la volatilidad política, aun elevada, no se ha traducido en un cambio estructural de posicionamiento.

Este comportamiento no es solo fruto de la complacencia. El mercado cuenta con anclajes claros. Uno de ellos es la capacidad de adaptación del sector privado. Las economías abiertas están demostrando una notable habilidad para amortiguar los impactos políticos mediante gestión de inventarios, redirección de cadenas de suministro y ajustes de precios, lo que ha diluido el impacto real de muchas medidas comerciales. Por otra parte, los contrapesos siguen funcionando razonablemente bien, en particular en política monetaria, donde la independencia de la Reserva Federal continúa protegida por la arquitectura legal y por el propio funcionamiento colegiado del FOMC.

Ahora bien, la cancelación del ruido tiene límites, y el principal no está en la geopolítica sino en el ámbito fiscal. El episodio reciente en Japón es un recordatorio oportuno. Un anuncio relativamente modesto en términos de cuantía, pero poco creíble en su financiación y con riesgo evidente de permanencia, bastó para provocar un fuerte repunte de las rentabilidades en el tramo largo de la curva, llevando el bono a 40 años por encima del 4%. Aunque posteriormente se moderó la reacción del mercado, es evidente que los inversores se muestran cada vez menos dispuestos a conceder el beneficio de la duda a países con dinámicas de deuda frágiles y procesos políticos que tienden a posponer los ajustes. Este es un riesgo latente en buena parte del mundo desarrollado y un tema que aún no ha sido plenamente descontado.

En Europa, el foco fiscal también ha vuelto, aunque en este caso generando alivio. Francia ha logrado aprobar el presupuesto de 2026, evitando una crisis política inmediata. El ajuste es menor de lo inicialmente planteado y recae en mayor medida sobre las empresas, lo que reduce su calidad desde el punto de vista del crecimiento. Aun así, el simple hecho de que el déficit se estabilice y descienda ligeramente desde niveles elevados aporta cierta tranquilidad a corto plazo. Más relevante que la cifra exacta es la señal de gobernabilidad: el mercado valora que el Ejecutivo pueda sostenerse y ejecutar, aunque sea de forma imperfecta, una senda de consolidación.

En el terreno monetario, el contraste entre bancos centrales es notable. El Banco de Japón ha endurecido su tono de forma clara, revisando al alza sus previsiones de crecimiento e inflación y dejando abierta la puerta a subidas de tipos antes de lo previsto. Al mismo tiempo, ha tenido que recordar que está dispuesto a intervenir en el mercado de bonos si los movimientos se tornan desordenados, una línea muy fina que busca evitar tanto una disrupción financiera como la percepción de dominancia fiscal.

En Estados Unidos, en cambio, todo apunta a una reunión de la Fed sin cambios. La economía sigue mostrando una resiliencia notable, apoyada en un consumo que se ha desacelerado solo de forma marginal al cierre de 2025. Esto ha llevado a revisar al alza el crecimiento del cuarto trimestre y refuerza la idea de que la política monetaria se encuentra cerca de un punto neutral. El mensaje previsible es de paciencia: tipos estables durante más tiempo, con riesgos para inflación y empleo relativamente equilibrados.

Europa presenta una imagen más fragmentada. Los indicadores adelantados sugieren una pérdida ligera de impulso al inicio del año, con divergencias claras entre países. Alemania muestra cierta mejora, mientras Francia sigue rezagada. El crecimiento del cuarto trimestre podría sorprender ligeramente al alza, pero el conjunto sigue siendo frágil y muy dependiente de factores externos. En el Reino Unido, la combinación de inflación algo más persistente y un mercado laboral que empieza a aflojar mantiene a la autoridad monetaria en una posición incómoda, aunque el escenario central sigue apuntando a recortes adicionales.

China continúa operando a dos velocidades. El sector exterior y la producción industrial mantienen un tono razonable, mientras que el consumo y la inversión doméstica siguen debilitándose, lastrados por la corrección inmobiliaria y la falta de estímulo fiscal. El crecimiento ha cumplido el objetivo oficial, pero con una composición poco equilibrada. Para 2026, el crecimiento será previsiblemente menor, aunque con margen para estímulos adicionales si las autoridades lo consideran necesario.

En este contexto, los mercados parecen dispuestos a convivir con un entorno de elevada incertidumbre política siempre que el crecimiento aguante y los bancos centrales mantengan el control. La gran incógnita es cuánto tiempo puede sostenerse este equilibrio sin abordar de forma más decidida el problema fiscal.