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Claves semanales del 2 al 6 de marzo de 2026

BBVA AM España

02 de marzo de 2026

Los mercados atraviesan una fase dominada más por narrativas que por datos. En ausencia de grandes sorpresas macroeconómicas, la volatilidad reciente ha estado impulsada por el temor a una disrupción acelerada derivada de la inteligencia artificial y por el repunte de los riesgos geopolíticos, especialmente en Oriente Medio. El resultado es un entorno errático, donde los movimientos de precios responden más a escenarios extremos que a la evidencia disponible..

Monitor de mercado

En el frente tecnológico, ha ganado tracción la idea de que una rápida mejora de la productividad impulsada por la IA podría desembocar en una especie de “crecimiento fantasma”: un PIB que aumenta mientras el empleo y el consumo colapsan. Sin embargo, desde un punto de vista macroeconómico, este planteamiento presenta inconsistencias fundamentales. Las identidades básicas de la contabilidad nacional obligan a que la producción tenga su reflejo en alguna combinación de consumo, inversión o gasto público. Si el empleo y las rentas laborales se redujeran bruscamente, el ajuste tendría que producirse vía mayores beneficios empresariales, mayor inversión o una respuesta fiscal redistributiva. Un escenario de producción que no se traduce en ingresos o gasto simplemente no es coherente con las restricciones contables del sistema.

Eso no implica que no pueda haber tensiones. La historia económica muestra que los procesos de adopción tecnológica son graduales y no lineales. La difusión suele seguir una curva en “S”: una fase inicial lenta, un tramo de aceleración y, finalmente, maduración. Los datos disponibles sugieren que todavía estamos en la parte inicial de ese proceso. Aunque más de la mitad de los encuestados declara utilizar herramientas de IA generativa y alrededor del 40% lo hace en el ámbito laboral, las ganancias de productividad reportadas son modestas, en torno al 2% del tiempo de trabajo. Estas cifras son coherentes con el comportamiento reciente de la productividad agregada y distan mucho de justificar un salto inmediato hacia un escenario de automatización masiva.

El mercado laboral estadounidense, clave para evaluar cualquier hipótesis disruptiva, tampoco muestra por ahora señales de deterioro estructural. Es cierto que sectores como el desarrollo de software han registrado descensos en nóminas y vacantes, pero la tendencia comenzó antes de la eclosión de la IA generativa y sigue siendo menos intensa que en episodios históricos como el ajuste tras la burbuja tecnológica de principios de los 2000. Para febrero se anticipa una creación moderada de puestos de trabajo, con una tasa de paro estabilizada en torno al 4,3%, en un contexto donde la desaceleración de las nóminas responde más a restricciones de oferta laboral que a un colapso de la demanda.

En paralelo, el frente comercial ofrece más ruido que impacto inmediato. La entrada en vigor de nuevos aranceles bajo la Sección 122 en Estados Unidos, finalmente fijados en el 10% y no en el 15% que se había sugerido, no altera de forma sustancial el tipo efectivo agregado. De hecho, tras la anulación de medidas anteriores, algunos países —incluida China— enfrentan una carga arancelaria ligeramente inferior a la previa. No obstante, la incertidumbre sobre la evolución futura del régimen comercial sigue elevada, especialmente ante la posibilidad de ajustes adicionales en el marco de la Sección 301 y la proximidad de reuniones bilaterales de alto nivel. A corto plazo, el comercio mundial ha mostrado una resiliencia notable y no se aprecia una disrupción inminente.

Donde el riesgo sí parece más asimétrico es en el mercado energético. El crudo Brent acumula un avance significativo en lo que va de año, impulsado por la creciente tensión entre Estados Unidos e Irán. A diferencia de otros episodios recientes de inestabilidad en Oriente Medio, la capacidad ociosa global es hoy más reducida y la demanda cíclica se mantiene sólida. Esto limita el colchón ante eventuales interrupciones de suministro y sesga los riesgos de precio al alza. En un entorno donde la inflación general se ha moderado pero no ha desaparecido, un nuevo shock energético complicaría la trayectoria de los bancos centrales.

En Japón, la política monetaria vuelve a situarse en el centro del debate tras el nombramiento de perfiles favorables a una orientación más acomodaticia en el consejo del banco central. Aunque el mensaje político apunta a tipos bajos y respaldo fiscal, la reacción del mercado de divisas —con depreciación del yen— actúa como elemento disciplinador. Además, el banco central mantiene un equilibrio interno que podría permitir una subida de tipos en abril si las presiones salariales, en el marco de las negociaciones anuales, confirman incrementos cercanos al 6%.

China, por su parte, afronta su Asamblea Nacional Popular con expectativas de una rebaja del objetivo de crecimiento hacia un rango del 4,5%-5%, frente al entorno del 5% del año anterior. Este ajuste reflejaría un reconocimiento pragmático de los retos estructurales y de los vientos externos en contra. Se prevé que el déficit fiscal se mantenga en torno al 4% del PIB, mientras que la política monetaria podría aportar cierto estímulo adicional mediante recortes moderados de tipos y del coeficiente de reservas. Los datos recientes de actividad e inflación, más débiles de lo esperado, refuerzan la probabilidad de un sesgo acomodaticio.

En definitiva, el entorno no está exento de riesgos, pero tampoco justifica escenarios apocalípticos. La IA probablemente transformará sectores y modelos de negocio, pero su difusión plena llevará tiempo y exigirá reasignaciones de capital y trabajo. Los mercados, sin embargo, tienden a anticipar tanto las utopías como las distopías con excesiva premura. En este contexto, conviene separar el ruido narrativo de la evidencia empírica y mantener una lectura fría de los datos.