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Claves semanales del 23 al 27 de febrero de 2026

BBVA AM España

23 de febrero de 2026

La economía global avanza en 2026 con un patrón cada vez más definido: Estados Unidos sigue marcando el ritmo entre las economías avanzadas, apoyado de forma creciente en la inversión vinculada a la inteligencia artificial, mientras el resto del mundo muestra una recuperación más desigual. Todo ello ocurre en un entorno donde la política comercial estadounidense vuelve a introducir incertidumbre y donde los bancos centrales navegan entre señales mixtas de crecimiento e inflación.

Monitor de mercado

En Estados Unidos, el crecimiento del cuarto trimestre se moderó con claridad respecto al dinamismo observado en verano. El PIB avanzó a un ritmo anualizado del 1,4%, frente al 4,4% del trimestre anterior, en buena medida por el impacto del cierre parcial del gobierno federal sobre el gasto público. Aun así, la lectura de fondo no es de debilidad estructural, sino de cierta desaceleración tras un periodo excepcionalmente fuerte. Para el conjunto de 2025, el crecimiento se situó ligeramente por encima del 2%, una cifra sólida en comparación con el promedio de la última década previa a la pandemia.

El elemento más destacado del cuadro estadounidense es la inversión empresarial. La inversión fija privada se aceleró en el último tramo del año, impulsada casi exclusivamente por el gasto en tecnología y equipamiento relacionado con inteligencia artificial. Se estima que este componente aportó cerca de ocho décimas al crecimiento trimestral, una contribución significativa. En contraste, la inversión no vinculada a la IA mostró un comportamiento más apagado, lo que sugiere que la expansión no es homogénea en todos los sectores.

El consumo, por su parte, comienza a mostrar señales de enfriamiento. Aunque se mantiene en terreno positivo, el ritmo de avance se ha moderado, en línea con una desaceleración del crecimiento de la renta personal y de la remuneración de los empleados. Las cifras más recientes reflejan una pérdida de dinamismo en el gasto real de los hogares al cierre del año. Además, los datos de inflación han vuelto a introducir cierta inquietud. El deflactor del PIB repuntó y la inflación subyacente medida por el índice de gasto en consumo personal sorprendió al alza en diciembre, lo que apunta a presiones de precios aún presentes, incluso en un contexto de mejora gradual de la productividad.

Fuera de Estados Unidos, el crecimiento es más moderado. La zona euro cerró el año con una expansión cercana al 1%, en línea con su tendencia reciente. Los indicadores adelantados apuntan a un arranque de 2026 razonablemente sólido, con una mejora destacada en el sector manufacturero que empieza a equilibrar la tradicional fortaleza de los servicios. Alemania podría experimentar una aceleración gracias al impulso fiscal previsto, mientras que economías como España, tras varios años de crecimiento muy por encima de la media, tenderían a normalizar su ritmo. No obstante, la producción industrial reciente ha sido débil, lo que introduce cautela sobre la fortaleza del primer trimestre.

El Reino Unido ofrece una imagen mixta. Tras un cuarto trimestre sorprendentemente débil, los indicadores de actividad y las ventas minoristas de enero apuntan a una recuperación en el inicio del año. Japón, por su parte, registró un crecimiento muy modesto en el último trimestre, afectado por la volatilidad de inventarios y la debilidad del consumo, aunque se anticipa cierta mejora apoyada en la recuperación salarial y en políticas fiscales más expansivas.

En el ámbito de la política monetaria, los bancos centrales mantienen un tono prudente. En Estados Unidos, las últimas actas de la Fed reflejan consenso para mantener los tipos sin cambios a corto plazo, pero también divisiones internas sobre el momento y la magnitud de futuros recortes. Algunos miembros consideran apropiado retomar los descensos si la inflación sigue moderándose, mientras otros prefieren esperar señales más claras de que la desinflación está firmemente encauzada. La previsión central contempla dos recortes adicionales a lo largo del año, aunque el riesgo es que se retrasen si las presiones inflacionistas persisten o el mercado laboral se mantiene demasiado sólido.

En la zona euro, el debate gira más en torno a cuestiones institucionales que a cambios inmediatos de política. El calendario de renovaciones en el Consejo Ejecutivo del banco central y posibles movimientos en su presidencia han empezado a atraer la atención de los mercados, aunque por ahora la orientación de la política monetaria permanece estable. En el Reino Unido, pese a datos mixtos de empleo e inflación, el escenario base sigue contemplando un recorte próximo de tipos, dado el enfriamiento gradual del mercado laboral.

La política comercial estadounidense añade una capa adicional de incertidumbre. Tras la anulación judicial de determinados aranceles, la administración respondió inicialmente con la imposición de un arancel global del 10% como medida transitoria, pero lo elevó apenas un día después hasta el 15%, utilizando la Sección 122 de la Ley de Comercio de 1974, que permite su aplicación durante 150 días sin aprobación del Congreso. Este movimiento confirma que el giro proteccionista no se diluye, sino que se reconfigura bajo un marco jurídico distinto. Un arancel base del 15% mantiene la tasa efectiva media de gravámenes en niveles históricamente elevados, con implicaciones directas para precios de importación y márgenes empresariales. Además, persiste la incertidumbre sobre la posible devolución de aranceles previamente recaudados, un proceso que podría generar fricciones fiscales y complicar la lectura de la política monetaria.

En conjunto, el escenario global combina una expansión moderada, con Estados Unidos liderando gracias a la inversión tecnológica, y un entorno de precios que sigue planteando desafíos a las autoridades monetarias. Los mercados se mueven entre la expectativa de una desaceleración controlada y el riesgo de que la combinación de estímulos fiscales, tensiones comerciales y persistencia inflacionista complique la senda de normalización monetaria. La inteligencia artificial emerge como el gran motor estructural, pero su capacidad para sostener por sí sola el crecimiento será puesta a prueba en los próximos trimestres.