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Claves semanales del 11 al 15 de mayo de 2026

BBVA AM España

11 de mayo de 2026

La economía global atraviesa uno de esos momentos especialmente complejos en los que conviven, de forma aparentemente contradictoria, una elevada incertidumbre geopolítica, mercados financieros extraordinariamente sólidos y una inflación que se resiste a desaparecer con la rapidez que muchos bancos centrales esperaban hace apenas unos meses. El principal foco de tensión sigue concentrándose en Oriente Medio y, más concretamente, en el estrecho de Ormuz, cuya situación se ha convertido en el gran factor de volatilidad para energía, inflación y expectativas monetarias.

Monitor de mercado

Durante las últimas semanas, los mercados han oscilado constantemente entre la expectativa de una reapertura inminente del estrecho y el temor a una escalada militar adicional entre Estados Unidos e Irán. Esa dinámica de avances y retrocesos diplomáticos ha provocado movimientos extremadamente bruscos en el petróleo. El Brent llegó a acercarse a los 125 dólares por barril antes de corregir nuevamente hacia el entorno de los 100 dólares, reflejando un mercado dominado más por titulares geopolíticos que por fundamentos tradicionales de oferta y demanda. Sin embargo, el verdadero problema empieza a desplazarse desde el crudo hacia los productos refinados, especialmente diésel y combustible de aviación, donde las tensiones de suministro son cada vez más visibles y donde los inventarios siguen deteriorándose rápidamente.

Este contexto energético está comenzando a trasladarse de forma más clara a los indicadores de inflación. Los índices PMI globales muestran un repunte sostenido de las presiones de costes tanto en manufacturas como en servicios, confirmando que la crisis energética no está siendo absorbida de manera neutral por la economía. La inflación vuelve a adquirir un componente de costes mucho más incómodo para los bancos centrales, porque combina desaceleración de actividad con encarecimiento de insumos. Es precisamente este tipo de entorno el que históricamente ha dificultado enormemente la gestión monetaria.

Aun así, la economía estadounidense continúa mostrando una resistencia notable. El mercado laboral sigue lejos de deteriorarse de forma significativa. Las últimas cifras de empleo sorprendieron positivamente, con creación neta de puestos de trabajo claramente superior a lo esperado y una tasa de desempleo estabilizada en niveles relativamente bajos. Aunque el crecimiento salarial se ha moderado, la masa salarial agregada sigue creciendo a ritmos suficientes para sostener el consumo privado. Además, los datos de vacantes laborales continúan mostrando una demanda de empleo robusta, especialmente en sectores menos sensibles al ciclo industrial tradicional.

Esta fortaleza del mercado laboral estadounidense tiene implicaciones directas para la Reserva Federal. Hace apenas unos meses, el consenso del mercado descontaba varios recortes de tipos a lo largo de este año. Hoy ese escenario parece cada vez menos probable. La combinación de inflación persistente, petróleo elevado y empleo sólido reduce considerablemente el margen de actuación de la Fed. El foco vuelve a desplazarse hacia la estabilidad de precios, incluso aunque algunos indicadores de confianza comiencen a deteriorarse. De hecho, uno de los elementos más llamativos del momento actual es la divergencia entre el pesimismo reflejado en las encuestas de consumidores y el comportamiento real del gasto, que continúa resistiendo mejor de lo previsto.

Los mercados financieros, por su parte, siguen mostrando una capacidad de absorción sorprendente frente al deterioro geopolítico. La renta variable global sigue marcando nuevos máximos históricos y la volatilidad implícita se ha moderado notablemente respecto a los picos alcanzados al inicio de la crisis en Oriente Medio. Parte de esta resiliencia se explica por unos resultados empresariales mucho más sólidos de lo esperado, especialmente en Estados Unidos, donde el crecimiento de beneficios sigue sorprendiendo positivamente en numerosos sectores. Además, el auge continuado de la inteligencia artificial continúa actuando como uno de los principales motores estructurales del mercado, alimentando expectativas de mejoras significativas de productividad y márgenes empresariales en los próximos años.

Sin embargo, debajo de esa fortaleza aparente empiezan a acumularse algunas señales de complacencia. El mercado parece asumir simultáneamente varios escenarios optimistas: contención geopolítica, inflación moderándose gradualmente, crecimiento económico razonable y ausencia de deterioro severo en beneficios empresariales. Esa combinación deja poco margen para errores o decepciones, sobre todo en el ámbito geopolítico, donde los inversores parecen haber normalizado demasiado rápido un entorno que sigue siendo frágil.

En paralelo, la atención internacional empieza a desplazarse también hacia la próxima reunión entre Donald Trump y Xi Jinping. Aunque no se esperan avances estructurales profundos en la relación entre Estados Unidos y China, sí existe margen para acuerdos tácticos y transaccionales que permitan reducir temporalmente algunas tensiones comerciales. Ambos países parecen priorizar estabilidad y gestión del conflicto antes que escalada abierta, especialmente en un contexto global ya suficientemente tensionado por Oriente Medio y por la proximidad del ciclo electoral estadounidense.

Europa permanece en una posición más delicada. El crecimiento sigue siendo débil y mucho más vulnerable a la crisis energética que el estadounidense. Aunque algunos indicadores de actividad han mejorado ligeramente y las revisiones de beneficios empresariales empiezan a estabilizarse, la eurozona continúa mostrando una capacidad de crecimiento estructural claramente inferior a la de Estados Unidos. Además, el impacto de unos costes energéticos persistentemente elevados podría terminar afectando con mayor intensidad a la industria europea durante la segunda mitad del año.

En conjunto, el escenario global continúa dominado por una combinación de resiliencia económica y fragilidad geopolítica. La economía mundial sigue creciendo, pero lo hace en un entorno donde la inflación vuelve a ganar protagonismo y donde los riesgos energéticos continúan condicionando tanto la política monetaria como el comportamiento de los mercados. La sensación predominante es que el sistema financiero ha recuperado rápidamente el apetito por el riesgo, pero lo ha hecho sobre un equilibrio todavía extremadamente vulnerable a cualquier deterioro adicional en Oriente Medio o en las relaciones entre las grandes potencias.