Claves semanales del 20 al 24 de abril de 2026
20 de abril de 2026
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El escenario global ha experimentado un giro notable en cuestión de horas, impulsado casi exclusivamente por la evolución del frente geopolítico en Oriente Medio. La expectativa de un acuerdo entre Estados Unidos e Irán que permita la reapertura del estrecho de Ormuz ha actuado como catalizador de mercado, provocando una fuerte corrección en los precios del petróleo y una recuperación significativa de los activos de riesgo.
Monitor de mercado


La caída del crudo —con descensos superiores al 10% en algunos momentos antes de estabilizarse— ha sido interpretada por los mercados como una señal de alivio potencial para la inflación global y, por extensión, para la política monetaria. Sin embargo, este optimismo descansa sobre una base frágil. La reapertura efectiva y sostenida del estrecho, así como la resolución duradera del conflicto, están lejos de estar garantizadas. De hecho, persisten riesgos relevantes de interrupciones físicas en el suministro energético, especialmente en Asia emergente, donde varias economías presentan una elevada dependencia de importaciones procedentes del Golfo. Incluso en Europa, donde el suministro de crudo se mantiene estable por ahora, empiezan a surgir advertencias sobre posibles cuellos de botella en productos refinados como el combustible de aviación.
Este contexto ha generado una respuesta coordinada —aunque heterogénea— por parte de los gobiernos, que han desplegado medidas de contención del impacto energético sobre consumidores y empresas: subsidios, recortes fiscales, controles de precios o transferencias directas. Estas actuaciones reflejan una lección aprendida tras la crisis energética de 2022: evitar que un impacto transitorio de oferta se traduzca en una contracción brusca de la demanda o en efectos de segunda ronda persistentes.
En paralelo, los bancos centrales han ajustado de forma significativa su tono. Tras una reacción inicial más agresiva, marcada por el temor a un repunte inflacionista, el mensaje dominante ha virado hacia una postura de cautela. La idea de “no tener prisa” en subir tipos se ha impuesto, en la medida en que la naturaleza de la crisis aconseja esperar a tener mayor visibilidad antes de endurecer las condiciones financieras. Este cambio ha tenido un reflejo claro en mercado, donde se han deshecho buena parte de las expectativas de subidas de tipos en el corto plazo.
En Estados Unidos, la Reserva Federal mantiene una posición de pausa prolongada, considerando que los riesgos están equilibrados entre inflación y crecimiento. La actividad económica sigue mostrando una notable resiliencia, apoyada en la inversión empresarial —especialmente vinculada a inteligencia artificial— y en el gasto público, aunque el consumo privado empieza a dar señales de moderación. Este patrón sugiere una economía que desacelera de forma ordenada, sin señales claras de recesión.
En la eurozona, la situación es más compleja. El repunte reciente de la inflación hasta el entorno del 2,6% ha estado impulsado exclusivamente por la energía, mientras que los componentes subyacentes continúan moderándose. Esto refuerza la idea de que las presiones energéticas actuales aún no se han trasladado de forma significativa al resto de precios. En consecuencia, el Banco Central Europeo parece inclinarse por una estrategia más gradual, retrasando el ritmo de subidas de tipos a la espera de confirmar si se materializan efectos de segunda ronda. No obstante, el sesgo de fondo sigue siendo restrictivo, dado que las expectativas de inflación a medio plazo permanecen por encima del objetivo.
En Asia, el panorama está dominado por China, cuya economía ha mostrado un crecimiento superior a lo esperado en el primer trimestre, impulsado por las exportaciones y la inversión en infraestructuras. Sin embargo, esta fortaleza convive con debilidades estructurales persistentes, especialmente en el consumo y el sector inmobiliario. A medio plazo, el país podría beneficiarse indirectamente de un entorno geopolítico complejo, en la medida en que su liderazgo en tecnologías verdes le permite capturar parte de la demanda global derivada de la transición energética.
En definitiva, el mercado ha pasado en pocos días de descontar un escenario de endurecimiento monetario adicional a uno de pausa prolongada, apoyado en la expectativa de normalización energética. Pero este cambio de narrativa es, en gran medida, condicional. Todo depende de que el acuerdo geopolítico se materialice y se sostenga en el tiempo. En ausencia de esa confirmación, la volatilidad seguirá siendo el rasgo dominante de los mercados, y la visibilidad macro continuará siendo limitada.
