Artículo

Las claves semanales del 27 al 31 de mayo de 2024

BBVA AM España

27 de mayo de 2024

La fuerte actividad en el sector de servicios ha sido una característica fundamental de la economía pospandémica, mientras que las manufacturas se han quedado rezagadas, por las interrupciones en las cadenas de suministro y unos tipos más altos, entre otros factores. Sin embargo, últimamente hemos visto señales alentadoras de que el ciclo manufacturero global ha cambiado a mejor.

Monitor de mercado

Durante la última semana, la publicación de los PMI manufactureros del mes de mayo parece apuntar en este sentido. De hecho, aunque las lecturas definitivas no estarán disponibles hasta los primeros días del mes de junio, las estimaciones preliminares indican que nos encontramos en los niveles más altos desde mayo de 2022, gracias a la mejora experimentada por los componentes de nuevos pedidos de exportación y empleo. Si añadimos la sorpresa al alza de la semana precedente en la producción industrial de China y Taiwán y las alentadoras exportaciones de Corea, podemos intuir que el ciclo manufacturero parece haber cambiado, lo que debería ayudar a las economías más dependientes de las manufacturas.

En otro orden de cosas, una mirada a los datos de inflación en lo que va del año ofrece un panorama mixto. En general, la caída de las tasas de inflación desde los máximos alcanzados inmediatamente después de la pandemia sigue siendo un éxito, y las perspectivas continúan siendo en general benignas a pesar de las ocasionales sorpresas alcistas. De hecho, las publicaciones más recientes en Estados Unidos y la eurozona sugieren que las fuertes cifras de inflación de principios de año se debieron más a una anomalía estadística que a un cambio de tendencia en el proceso de desinflación.

Dicho lo cual, los datos recientes no avalan por completo la expectativa de que la inflación esté en camino de regresar al objetivo del 2%. La tendencia a la desinflación hasta ahora ha venido impulsada por la fuerte reversión de los precios de la energía y los bienes básicos, a medida que se desvanecieron los factores de oferta que los habían causado. Sin embargo, la inflación de los servicios se ha mantenido elevada, ya que la demanda se disparó cuando se levantaron los confinamientos y se limitó la oferta de mano de obra. Para recorrer «la última milla», como dicen algunas autoridades, la inflación de servicios tendrá que contribuir de forma significativa.

Una política monetaria restrictiva debería facilitar este proceso, ya que ayudaría a reducir la demanda con el tiempo, suavizando las condiciones del mercado laboral y, finalmente, la inflación de los servicios. Aunque las tasas de desempleo han tocado fondo y el crecimiento de los salarios ha alcanzado su punto máximo a ambos lados del Atlántico, el mercado laboral sigue en buena medida tensionado. En consecuencia, el crecimiento salarial todavía es demasiado elevado como para permitir una desinflación más pronunciada en el sector de servicios.

Así las cosas, aunque los mercados laborales están mostrando signos de enfriamiento y la inflación apunta a una caída más lenta, pero no a una nueva aceleración, lo cierto es que las autoridades monetarias no tienen ningún incentivo para flexibilizar la política en el corto plazo. Como consecuencia, está volviendo firmemente al mercado la expectativa que nos acompañó antes del giro moderado de la Fed en septiembre de 2023: nos esperan tipos altos durante un periodo de tiempo prolongado.

En este sentido, tanto las actas de la última reunión de la Fed como los discursos de los miembros del FOMC, reforzaron el compromiso de la institución de mantener la actual restricción monetaria. Por ejemplo, en consonancia con la conferencia de prensa de Powell posterior a la reunión del 1 de mayo, las actas eliminaron la referencia a que «casi todos los participantes juzgaron que sería apropiado mover la política a una postura menos restrictiva en algún momento de este año». Incluso, varios miembros sugirieron la posibilidad de que la política no sea en la actualidad lo suficientemente restrictiva, lo que podría implicar subidas de tipos adicionales. Además de la inflación, los participantes del FOMC consideraron que la demanda agregada continúa creciendo a un ritmo fuerte, aunque sin acelerarse.

Como para reforzar el mensaje de las actas, los indicadores adelantados PMI de mayo se fortalecieron notablemente en Estados Unidos y los pedidos de bienes duraderos superaron las expectativas, lo que apuntó al mantenimiento de la resiliencia económica y disipó los temores sobre un debilitamiento significativo de la demanda.

En la eurozona, el IPC preliminar de mayo, que conoceremos esta semana, podría repuntar ligeramente, hasta el 2,5% interanual, mientras que la tasa subyacente se mantendría estable en el 2,7% interanual, según la previsión del consenso. Aunque es cierto que gran parte de la subida vendría explicada por efectos de base desfavorables y por componentes volátiles, es probable que la desinflación de los servicios siga mostrando un progreso limitado.

En este sentido, los salarios negociados en la eurozona durante el primer trimestre aumentaron hasta el 4,7% interanual, desde el 4,5% del cuarto trimestre y por encima del 4,3% que estimaban los analistas. Dicho esto, el repunte pareció deberse a factores extraordinarios derivados del sector público alemán y el propio BCE quitó importancia al dato, diciendo que disponen de otros indicadores que avalan un progresivo enfriamiento salarial.

Más allá de la inflación, la semana nos dejó un nuevo aumento del PMI compuesto de la eurozona, liderado por el sector manufacturero, que apunta al mantenimiento de un mayor impulso económico en el segundo trimestre del año. Sin embargo, nada de esto hace peligrar la bajada de tipos que previsiblemente acometerá el BCE en su reunión de la semana que viene, extremo que incluso parecen confirmar los miembros más agresivos del Consejo de Gobierno, como el presidente del Bundesbank, Nagel.