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Claves semanales del 12 al 16 de octubre de 2026

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12 de octubre de 2026

La economía mundial continúa mostrando una resistencia sorprendente frente a una combinación de perturbaciones que, en circunstancias normales, habría provocado un deterioro mucho más visible de la actividad y de los mercados financieros. Las rentabilidades de la deuda soberana han alcanzado máximos de varias décadas, el petróleo permanece por encima de los 100 dólares y las condiciones financieras se han endurecido considerablemente. Sin embargo, los principales índices bursátiles siguen mostrando una notable fortaleza y los indicadores de actividad apuntan a una expansión razonablemente sólida. La explicación de esta aparente contradicción se encuentra, en buena medida, en el extraordinario ciclo de inversión asociado a la inteligencia artificial, que está compensando parte de los efectos negativos del encarecimiento de la energía y de los tipos de interés.

Monitor de mercado

Cómo la Inteligencia Artificial Sostiene la Economía Global

La resistencia de los índices no significa que toda la economía se haya vuelto insensible a las condiciones financieras. La fortaleza bursátil continúa extraordinariamente concentrada en las grandes compañías tecnológicas, mientras sectores como consumo discrecional, inmobiliario, eléctrico e industrial muestran un comportamiento mucho más débil. De hecho, el S&P 500, excluyendo tecnología, lleva varios meses sometido a presión. Esto revela que los mecanismos tradicionales de transmisión monetaria siguen funcionando: los mayores costes de financiación reducen la capacidad de inversión, encarecen el crédito y penalizan a las empresas más sensibles al ciclo. Lo verdaderamente excepcional es que la contribución positiva de un número relativamente reducido de compañías esté siendo suficiente para compensar estas dificultades en los índices agregados.

Durante los últimos años, las dudas recurrentes sobre la sostenibilidad del ciclo tecnológico han terminado disipándose gracias a unos resultados empresariales que superaban sistemáticamente las expectativas. Sin embargo, la reciente información sobre unos ingresos anualizados de OpenAI próximos a 50.000 millones de dólares, frente a estimaciones anteriores de 70.000 millones, provocó una corrección inmediata de las compañías vinculadas a la inteligencia artificial. El episodio demuestra que la monetización de las inversiones tecnológicas está convirtiéndose en una variable macroeconómica tan relevante como la evolución de los tipos de interés. La próxima temporada de resultados será, por tanto, especialmente importante para comprobar si los beneficios continúan justificando unas expectativas extraordinariamente exigentes.

La inteligencia artificial también está contribuyendo a sostener el consumo estadounidense mediante un importante efecto riqueza. Desde finales de 2019, el patrimonio real de los hogares ha aumentado aproximadamente 39 billones de dólares. Esta mejora patrimonial ayuda a explicar por qué el gasto continúa mostrando una resistencia considerable pese al deterioro de la confianza de los consumidores y a la persistencia de la inflación.

Mientras tanto, la energía continúa siendo el principal riesgo para la estabilidad macroeconómica. Los flujos de crudo a través del estrecho de Ormuz han recuperado en buena medida los niveles precios al conflicto, gracias a rutas alternativas y operaciones de transferencia entre buques. Sin embargo, esta normalización apenas ha conseguido reducir los precios. La persistencia de una prima de riesgo geopolítica explica parte de esta resistencia, pero existen también factores físicos importantes: las reservas estratégicas mundiales se han reducido significativamente, de modo que parte de la oferta recuperada debe destinarse a reconstruir inventarios. Además, el fuerte encarecimiento del transporte marítimo continúa elevando el coste efectivo del petróleo para los consumidores finales.

La consecuencia es una inflación energética que amenaza con prolongarse, aunque todavía sin trasladarse completamente a los componentes subyacentes. Los expertos esperan que la inflación general de septiembre repunte en Estados Unidos hasta el 3,6% interanual, mientras la inflación subyacente podría mantenerse sin grandes cambios en el 2,5%. Esta divergencia proporciona cierto margen a la Reserva Federal para mantener los tipos sin cambios en octubre, especialmente después de las señales recientes de enfriamiento del empleo. Sin embargo, las actas de septiembre mostraron que numerosos miembros del FOMC consideran apropiado mantener una orientación restrictiva como protección frente a nuevas crisis de oferta, una demanda más fuerte de lo previsto y una inflación persistente.

En Europa, las tensiones fiscales añaden una dimensión adicional al problema. Francia continúa concentrando las preocupaciones de los inversores, con una prima de riesgo frente a Alemania próxima a 135 puntos básicos y crecientes dudas sobre la trayectoria presupuestaria del país. Aunque las comparaciones con la crisis soberana de 2011 resultan tentadoras, existen diferencias fundamentales. Los desequilibrios macroeconómicos del conjunto de la eurozona son considerablemente menores y Europa dispone actualmente de instrumentos institucionales de estabilidad que entonces no existían. Por ello, el riesgo de contagio generalizado parece más contenido. Sin embargo, el hecho de que las tensiones se concentren ahora en la segunda mayor economía de la eurozona confiere al problema una dimensión potencialmente más importante, especialmente ante la incertidumbre política y las elecciones presidenciales francesas de 2027.

En suma, la economía mundial está resistiendo porque el extraordinario impulso de la inteligencia artificial continúa compensando una parte importante de las perturbaciones energéticas, monetarias y fiscales. Pero esa resistencia es desigual y cada vez más dependiente de un número reducido de compañías y de unas expectativas de beneficios muy elevadas. El principal riesgo es que el motor tecnológico que sostiene buena parte de ese crecimiento y de las valoraciones bursátiles termine ofreciendo resultados inferiores a los esperados.

En ese escenario, el efecto riqueza que hoy respalda el consumo podría debilitarse, mientras los sectores más expuestos a los tipos elevados seguirían sometidos a presión. La sostenibilidad del ciclo dependerá, en definitiva, tanto de la evolución de la inflación y de las condiciones financieras como de la capacidad de la inteligencia artificial para transformar sus extraordinarias inversiones presentes en beneficios empresariales duraderos.