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Claves semanales del 21 al 25 de septiembre de 2026

BBVA AM España

21 de septiembre de 2026

El escenario macroeconómico global sigue caracterizado por una actividad económica resistente, pero esa fortaleza coincide con un nuevo impulso inflacionista procedente de la energía. El resultado es un desplazamiento al alza de las expectativas de tipos de interés en las principales economías desarrolladas y una prolongación del horizonte durante el cual los bancos centrales deberán seguir endureciendo la política monetaria. El riesgo dominante ha dejado de ser un deterioro abrupto de la actividad para convertirse en una combinación de crecimiento sólido, inflación más persistente y tipos más altos durante más tiempo.

Monitor de mercado

Resiliencia Económica Global, Crisis Energética y Tipos de Interés: Análisis y Perspectivas

La actividad global continúa mostrando una resistencia notable pese al deterioro del entorno geopolítico y al fuerte encarecimiento de la energía. Las economías avanzadas mantienen un tono razonablemente sólido, aunque con diferencias relevantes entre regiones: Estados Unidos conserva un dinamismo superior al esperado, mientras que la zona euro ha sorprendido favorablemente tras un periodo prolongado de debilidad.

Dentro de Europa, España sigue mostrando una evolución comparativamente más robusta que las principales economías del área, especialmente Alemania, Francia e Italia. En Asia, el panorama también es heterogéneo. El fuerte ciclo de inversión asociado a la inteligencia artificial está proporcionando un impulso significativo a las economías más expuestas a las exportaciones tecnológicas, como Taiwán y Corea, al tiempo que India conserva un elevado dinamismo.

China representa el principal contrapunto: la demanda interna continúa perdiendo fortaleza y las dificultades de la economía parecen responder cada vez más a factores estructurales, que siguen condicionando tanto el consumo como la inversión y mantienen sesgados a la baja los riesgos sobre la actividad.

Esta resistencia de la actividad es precisamente uno de los factores que complican la actuación de los bancos centrales. El segundo, y probablemente más importante, es la energía. Tras 29 semanas de conflicto entre Estados Unidos e Irán, las expectativas de una solución diplomática todavía no han conseguido normalizar los mercados energéticos. El Brent llegó a superar los 109 dólares por barril durante la semana y, pese a corregir posteriormente, terminó por encima de 103 dólares. El tránsito por el estrecho de Ormuz sigue siendo muy reducido, el oleoducto Este-Oeste saudí permanece cerrado, Bab el-Mandeb continúa expuesto a ataques hutíes y una parte importante de la capacidad de refino rusa sigue fuera de servicio. Al mismo tiempo, el gas europeo se mantiene alrededor de 79 euros/MWh, más del doble del promedio de 2025, en un contexto de bajos inventarios europeos. La consecuencia es que la crisis energética está dejando de percibirse como temporal y empieza a modificar significativamente las perspectivas de inflación para 2027.

Estados Unidos ilustra bien este cambio de régimen. La Reserva Federal elevó los tipos 25 puntos básicos, hasta el 3,75%-4,00%, en una decisión inesperadamente unánime que refuerza el mensaje de preocupación por la lentitud de la desinflación. Las nuevas proyecciones combinan mayor crecimiento, menor desempleo y algo más de inflación, y no contemplan que los precios vuelvan al objetivo del 2% hasta 2029. Especialmente relevante es que el tipo neutral de largo plazo se haya revisado hasta el 3,25%, sugiriendo que los niveles actuales ya no se consideran inequívocamente restrictivos.

Los inversores contemplan otra subida de 25 puntos básicos en diciembre, seguida de una última en el primer trimestre de 2027, que llevaría los fed funds hasta el 4,25%-4,50%, nivel que se mantendría estable durante el resto del año, antes de iniciar una reducción muy gradual.

El giro también alcanza a Europa. El mercado descuenta un ciclo de subidas muy agresivo para el BCE, con un tipo terminal cercano al 3,4% hacia finales de 2027, lo que supondría casi cuatro subidas adicionales de 25 puntos básicos en los próximos meses. Sin embargo, la situación europea es distinta de la estadounidense: las presiones inflacionistas tienen un claro componente de oferta y la economía no presenta señales de sobrecalentamiento.

La existencia de capacidad productiva ociosa y el progresivo impacto negativo de los elevados costes energéticos sobre hogares y empresas permiten poner en duda el ritmo de endurecimiento que descuenta actualmente el mercado. Los PMI preliminares de septiembre serán importantes para comprobar hasta qué punto la actividad europea mantiene su resistencia.

En Reino Unido, el Banco de Inglaterra mantuvo el tipo en el 3,75%, pero el deterioro de las perspectivas inflacionistas apunta ahora hacia nuevas subidas. La inflación podría alcanzar el 4,0% a comienzos de 2027, según las propias proyecciones de la institución, por lo que una subida de 25 puntos básicos en la reunión de noviembre para ahora más probable.

Japón también avanza hacia una normalización monetaria más rápida: el Banco de Japón elevó el tipo al 1,25% y podría llevarlo al 1,75% durante 2027, aunque una inflación subyacente todavía inferior al 2% permite mantener cierta gradualidad.

Para los mercados, el elemento central es que la resiliencia del crecimiento está retrasando el alivio monetario que cabía esperar hace algunos meses. La combinación de petróleo por encima de 100 dólares, productos refinados como el diésel disparados, gas europeo caro, inflación resistente y bancos centrales revisando al alza sus trayectorias de tipos, eleva el coste del capital, aunque la ausencia de una recesión global proporciona un soporte relevante para los activos de riesgo.

El equilibrio es, por tanto, delicado: mientras la actividad siga resistiendo, los beneficios empresariales pueden ofrecer protección, pero esa misma fortaleza reduce el margen de los bancos centrales para relajar las condiciones financieras.

A este escenario se añade la dimensión geopolítica. La próxima visita de Xi Jinping a Estados Unidos tendrá como ejes el comercio, la tecnología y Oriente Medio. Más que un gran acuerdo bilateral, parece buscarse una estabilización gestionada de la relación, incluida una posible extensión de la tregua arancelaria que vence el 10 de noviembre.

La competencia estratégica seguirá siendo intensa, especialmente en semiconductores, inteligencia artificial y tierras raras, pero ambas potencias parecen interesadas en evitar una nueva escalada inmediata. En conjunto, la economía mundial continúa demostrando una capacidad de resistencia superior a la esperada, pero esa fortaleza tiene ahora una contrapartida clara: inflación más persistente, política monetaria más restrictiva y una sensibilidad creciente de los mercados a cualquier nueva perturbación energética o geopolítica.