Claves semanales del 5 al 9 de octubre de 2026
05 de octubre de 2026
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La economía mundial continúa mostrando una resistencia sorprendente frente a una acumulación de perturbaciones que, en otras circunstancias, habría provocado un deterioro mucho más visible de la actividad y de los mercados.
Monitor de mercado


El impacto de la inteligencia artificial frente a la presión energética y fiscal en los mercados
El encarecimiento de la energía, las crecientes tensiones fiscales y el fuerte aumento de los tipos reales han llevado las rentabilidades de la deuda soberana a máximos de varias décadas. Sin embargo, la actividad mantiene un tono sólido y la renta variable continúa resistiendo. Una explicación fundamental de esta aparente contradicción se encuentra en el ciclo de inversión asociado a la inteligencia artificial, que está actuando simultáneamente como un potente estímulo de demanda en el presente y como una expectativa de mejora de productividad y oferta para el futuro.
Los últimos indicadores refuerzan esta percepción de fortaleza. El PMI manufacturero global aumentó en septiembre hasta 53 puntos, máximo de 55 meses, con avances importantes tanto de la producción como de los nuevos pedidos. Las exportaciones coreanas, estrechamente relacionadas con el ciclo tecnológico mundial, crecieron un 84% interanual, mientras Japón mostró una mejora de la confianza empresarial y unas previsiones de beneficios especialmente robustas. En Estados Unidos, las revisiones del PIB elevaron el crecimiento del segundo trimestre hasta el 2,2% anualizado y mostraron una trayectoria del consumo y de las rentas de los hogares más favorable de lo estimado anteriormente. El ISM manufacturero permaneció igualmente en niveles compatibles con una expansión sólida, aunque acompañado de una intensificación de las presiones sobre los costes.
La inteligencia artificial está desempeñando un papel singular dentro de este escenario. A corto plazo, la construcción de centros de datos y la enorme inversión tecnológica están impulsando el gasto empresarial estadounidense y alimentando la demanda de manufacturas y exportaciones en otras regiones. A largo plazo, las valoraciones bursátiles incorporan además la expectativa de que estas inversiones generarán importantes aumentos de productividad. Esto ayuda a entender por qué las bolsas han tolerado hasta ahora un incremento de las rentabilidades que normalmente habría provocado una contracción significativa de las valoraciones. El riesgo es igualmente evidente: mientras el impulso sobre la demanda ya puede observarse en los datos, la mejora de productividad sigue siendo fundamentalmente una promesa. Si tardase mucho en materializarse, las valoraciones podrían verse obligadas a ajustarse, con consecuencias sobre riqueza, crédito y confianza.
En Estados Unidos, la fotografía inflacionista mejoró parcialmente. El PCE subyacente avanzó un 0,25% mensual en agosto, pero las revisiones metodológicas redujeron cuatro décimas su tasa interanual, hasta el 3,0%. Más significativa todavía fue la desaceleración de la medida anualizada a tres meses, desde el 4,3% registrado en febrero hasta aproximadamente el 2%. No obstante, el riesgo energético permanece abierto. El precio del diésel acumula una subida cercana al 80% durante el año y, si estos niveles persisten, su impacto podría extenderse progresivamente desde la energía hacia los costes de transporte, bienes y servicios.
El mercado laboral estadounidense proporcionó, en cambio, cierto alivio para la Reserva Federal. En septiembre únicamente se crearon 29.000 empleos, muy por debajo de lo esperado, y los dos meses anteriores fueron revisados a la baja en 60.000 puestos. La tasa de desempleo aumentó ligeramente hasta el 4,2%. El dato cuestiona la percepción de una reaceleración del empleo que había surgido en agosto y reduce la urgencia de continuar endureciendo inmediatamente la política monetaria. La comunicación de varios miembros de la Fed reforzó esta lectura y la probabilidad descontada por el mercado de una subida en octubre cayó desde aproximadamente el 65% hasta menos del 25%. El escenario más probable pasa ahora por una pausa en octubre, aunque la persistencia inflacionista podría justificar un movimiento adicional posteriormente.
Europa presenta una combinación menos confortable. La inflación de la eurozona aceleró en septiembre desde el 3,2% hasta el 3,8%, fundamentalmente por la energía, que registró un incremento interanual cercano al 19%. La inflación subyacente aumentó solo una décima, hasta el 2,5%, pero los servicios volvieron a acelerarse. La actividad, entretanto, está mostrando mayor resistencia de la esperada, lo que limita el margen del BCE.
El principal foco de tensión continúa concentrándose en la renta fija. El Treasury estadounidense a diez años alcanzó el 5,29%, mientras las ventas se extendieron al conjunto de los mercados soberanos. En Europa, el diferencial francés frente al Bund llegó a superar brevemente los 150 puntos básicos, máximo desde la crisis soberana, y el italiano rebasó los 130 puntos. Francia concentra una preocupación especial por la combinación de bajo crecimiento nominal, déficit elevado y aumento del coste de financiación. El presupuesto pretende reducir el déficit mediante un ajuste fiscal considerable, pero su aprobación parlamentaria resulta compleja y el aumento de los intereses de la deuda dificulta adicionalmente el cumplimiento de los objetivos fiscales.
La energía sigue siendo el elemento capaz de modificar rápidamente todo este equilibrio. Las negociaciones entre Estados Unidos e Irán permanecen abiertas, mientras las restricciones de oferta de productos refinados han llevado al diésel a convertirse en el principal foco de tensión. Rusia ha prolongado sus restricciones a las exportaciones, China ha suspendido temporalmente las suyas y el G7 ha acordado liberar de manera coordinada 100 millones de barriles de reservas de productos petrolíferos. Pese a estas medidas, el Brent permanece por encima de 100 dólares y las condiciones del mercado físico continúan siendo muy complejas.
En definitiva, el escenario actual puede entenderse como una lucha entre varios impactos negativos y uno extraordinariamente poderoso de signo positivo. Energía, geopolítica, política fiscal y tipos elevados presionan simultáneamente sobre inflación y condiciones financieras, mientras la inteligencia artificial sostiene inversión, manufacturas, beneficios y expectativas de productividad. Por ahora, este último factor está dominando la narrativa de los mercados y explica buena parte de la resistencia de la renta variable.
