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Claves semanales del 1 al 5 de junio de 2026

BBVA AM España

01 de junio de 2026

Los mercados financieros han cerrado mayo con la convicción creciente de que el conflicto entre Estados Unidos e Irán se aproxima a una desescalada. Tras semanas de mensajes contradictorios, anuncios prematuros y episodios puntuales de tensión militar, los inversores han decidido anticipar una eventual reapertura del estrecho de Ormuz y una normalización gradual de los flujos energéticos globales. Esta expectativa ha impulsado nuevas subidas en las bolsas, especialmente en Estados Unidos, donde los principales índices han seguido marcando máximos históricos, mientras que el petróleo ha corregido con mucha intensidad y las rentabilidades de la deuda soberana han retrocedido desde sus máximos recientes.

Monitor de mercado

Sin embargo, la economía real continúa mostrando los efectos del choque energético acumulado durante los últimos meses. Mientras los mercados descuentan una futura normalización, los datos macroeconómicos siguen reflejando un entorno caracterizado por mayores costes energéticos, inflación más elevada y una pérdida de poder adquisitivo para los hogares. La inflación global ha repuntado con fuerza desde febrero y se sitúa claramente por encima de los niveles observados a comienzos de año. El encarecimiento de la energía ha sido el principal responsable de este movimiento, aunque empiezan a aparecer indicios de que las presiones inflacionistas se están extendiendo hacia otras categorías de bienes y servicios. La combinación de mayores costes de producción, tensiones en las cadenas de suministro y un mercado laboral robusto, está dificultando el proceso de desinflación que los bancos centrales daban por prácticamente consolidado hace apenas unos meses.

En Estados Unidos, la inflación subyacente sigue mostrando resistencia. Aunque algunos componentes registraron una moderación en abril, las presiones de fondo permanecen elevadas y determinados segmentos relacionados con la inteligencia artificial continúan contribuyendo al aumento de precios. Los fuertes niveles de inversión en centros de datos, infraestructura digital y capacidad de cómputo están generando una nueva fuente de demanda que se suma a una economía que ya venía mostrando una elevada fortaleza. Como consecuencia, el escenario de un rápido retorno al objetivo del 2% parece cada vez más lejano.

En Europa la situación es similar. Las últimas cifras de inflación de las principales economías de la zona euro muestran una nueva aceleración de los precios, impulsada principalmente por la energía pero acompañada también por una cierta recuperación de la inflación subyacente. Aunque el crecimiento continúa siendo débil, el deterioro económico derivado de la crisis energética ha resultado menos severo de lo que inicialmente se temía. La actividad permanece prácticamente estancada, pero no ha entrado en recesión. Esta combinación de crecimiento anémico e inflación persistente está generando un escenario especialmente incómodo para el Banco Central Europeo, que cada vez parece más inclinado a endurecer de nuevo su política monetaria para evitar que las presiones inflacionistas terminen consolidándose.

En este contexto, la divergencia entre mercados financieros y economía real resulta particularmente llamativa. Los inversores parecen asumir que el conflicto geopolítico acabará resolviéndose y que el impacto inflacionista será temporal. Esta percepción ha generado un fenómeno singular: los activos de riesgo reaccionan mucho más intensamente ante las noticias positivas que ante las negativas. Las caídas del petróleo provocadas por rumores de acuerdos o avances diplomáticos han generado fuertes movimientos alcistas en renta variable y crédito, mientras que los episodios de tensión apenas han conseguido revertir parcialmente dichas ganancias. Los mercados parecen estar descontando que la resolución del conflicto es inevitable y que cualquier noticia favorable simplemente adelanta un desenlace que consideran probable.

Esta dinámica es especialmente visible en los activos más ligados al ciclo de inteligencia artificial. Los índices tecnológicos, los mercados emergentes con fuerte exposición a semiconductores y determinados segmentos del crédito corporativo han mostrado una sensibilidad extraordinaria a las caídas del petróleo y a las expectativas de desescalada. La razón es que estos activos cuentan con motores de crecimiento propios que trascienden la coyuntura energética. La inversión en infraestructura de inteligencia artificial continúa expandiéndose a gran velocidad y sigue actuando como uno de los principales soportes del crecimiento global. Incluso en un entorno de tipos elevados y tensiones geopolíticas, las expectativas de beneficios asociadas a este ciclo permanecen extraordinariamente sólidas.

Desde el punto de vista macroeconómico, la economía estadounidense continúa mostrando mucha solidez. Aunque el crecimiento del primer trimestre fue revisado a la baja y el consumo empieza a desacelerarse, la actividad permanece en niveles compatibles con una expansión moderada. El principal foco de atención sigue siendo el mercado laboral. La creación de empleo se está moderando progresivamente y las empresas muestran una mayor prudencia en la contratación, pero el desempleo permanece estable y no existen señales de deterioro abrupto. Este comportamiento permite a la Reserva Federal mantener una postura de espera, aunque cada vez más miembros del banco central reconocen que los riesgos inflacionistas vuelven a situarse claramente al alza.

Mientras tanto, los hogares estadounidenses están absorbiendo buena parte del impacto inflacionista reduciendo su tasa de ahorro. El ahorro familiar se encuentra en niveles históricamente bajos, reflejando el esfuerzo de los consumidores por mantener el gasto pese a la pérdida de poder adquisitivo. Aunque este ajuste ha permitido sostener la actividad durante los últimos trimestres, resulta difícil imaginar que pueda prolongarse indefinidamente. Si la inflación permanece elevada durante más tiempo del esperado, una parte creciente del ajuste acabará trasladándose al consumo real.

En conjunto, el panorama global sigue caracterizado por una notable paradoja. La economía mundial continúa creciendo gracias al impulso de la tecnología, la inversión empresarial y la resiliencia del empleo, pero lo hace bajo la sombra de un conflicto geopolítico que ha reavivado las presiones inflacionistas y ha obligado a los bancos centrales a reconsiderar sus planes. Los mercados financieros, sin embargo, han optado por mirar más allá de la coyuntura inmediata y concentrarse en la expectativa de una resolución geopolítica y en la fortaleza del ciclo de inteligencia artificial. La gran cuestión para los próximos meses será determinar si esa confianza resulta plenamente justificada o si la persistencia de la inflación termina obligando a un ajuste más severo de las expectativas económicas y monetarias.