Comentario Mensual Abril 2026
18 de mayo de 2026
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El mes de abril continuó dominado por la evolución del conflicto en Medio Oriente y por las dudas sobre una normalización plena del tránsito energético a través del Estrecho de Ormuz. A diferencia de marzo, cuando el choque geopolítico se tradujo en aversión al riesgo, durante abril los mercados empezaron a discriminar con mayor claridad entre el impacto directo sobre inflación y tasas, y la resiliencia de los activos de riesgo.


El petróleo volvió a ubicarse en niveles elevados, con episodios puntuales por encima de los 120 dólares por barril, antes de cerrar el mes a 114,01 dólares por barril. Este comportamiento mantuvo presiones sobre las expectativas de inflación y reforzó la idea de tasas altas por más tiempo. Sin embargo, la renta variable global y el crédito corporativo lograron recuperarse, apoyados por resultados empresariales mejores a lo esperado y por la percepción de que, aunque el choque energético seguía siendo relevante, no implicaba todavía una desaceleración abrupta de la actividad.
En el mercado cambiario, el dólar perdió parte del impulso observado en marzo. El euro se apreció frente al dólar y cerró a 1,1731 dólares, mientras que algunas monedas vinculadas al bloque energético, como la corona noruega, tuvieron un mejor comportamiento relativo. La libra esterlina también se fortaleció, favorecida por un tono más restrictivo del Banco de Inglaterra. En materias primas, el panorama fue mixto: el petróleo siguió siendo el principal foco de volatilidad, el gas europeo retrocedió a medida que se moderaron los temores de disrupciones más severas en la oferta, y el oro cayó por segundo mes consecutivo, afectado por el ajuste de expectativas de tasas reales y por la toma de utilidades tras los máximos recientes.





En Estados Unidos, la primera lectura del PIB del primer trimestre de 2026 mostró una expansión de 2,0% trimestral anualizada, superior al ritmo observado al cierre de 2025. La inversión fue el principal motor del crecimiento, especialmente en tecnología, equipos de información y software, mientras que el consumo público también aportó positivamente. El consumo privado, aunque siguió creciendo, mostró señales de moderación, lo que confirma una economía todavía resistente, pero más sensible al endurecimiento acumulado de las condiciones financieras y al deterioro del poder adquisitivo por el repunte de los precios energéticos. El PMI compuesto de abril se mantuvo en terreno expansivo, apoyado por la acumulación preventiva de inventarios en el sector manufacturero, una dinámica asociada a la incertidumbre sobre cadenas de suministro y costos de energía.
En precios, el choque energético tuvo un efecto visible sobre la inflación general. La inflación de Estados Unidos aumentó de manera importante frente al mes anterior, mientras que la inflación subyacente mostró un ajuste más contenido. Esta diferencia sugiere que el impacto inicial provino principalmente del componente energético, aunque el riesgo para los bancos centrales está en que el choque se traslade a expectativas, salarios y precios de servicios. En este contexto, la Reserva Federal mantuvo el rango objetivo de los fondos federales entre 3,50% y 3,75%, pero el tono de la comunicación fue prudente y reflejó una mayor incomodidad frente a la persistencia inflacionaria. El mercado pasó a descontar una pausa más prolongada y redujo la probabilidad de recortes durante el año.


En la Eurozona, la actividad siguió mostrando fragilidad. El PIB del primer trimestre avanzó apenas 0,1% frente al trimestre anterior, con un comportamiento heterogéneo por países: España y Alemania crecieron, mientras que Francia se mantuvo prácticamente estancada e Italia perdió dinamismo. Los indicadores adelantados reforzaron esta lectura, con el PMI compuesto de abril entrando en terreno de contracción, afectado especialmente por el sector de servicios y por el aumento de los costos energéticos. El impacto del conflicto sobre los precios de la energía también se reflejó en la inflación, que volvió a ubicarse por encima del objetivo del Banco Central Europeo.
El Banco Central Europeo mantuvo sin cambios sus tres tasas de referencia, con la facilidad de depósito en 2,00%, la tasa principal de refinanciación en 2,15% y la facilidad marginal de crédito en 2,40%. El mensaje del BCE fue especialmente relevante porque reconoció que los riesgos al alza sobre la inflación y los riesgos a la baja sobre el crecimiento se habían intensificado. En otras palabras, la autoridad monetaria europea quedó enfrentada a un escenario más complejo: una economía débil, pero con presiones inflacionarias que limitan el espacio para relajar la política monetaria.


En China, el PIB del primer trimestre creció 5,0% interanual, superando las expectativas del mercado y mostrando una economía todavía apoyada en el sector externo, la industria y algunos servicios asociados a tecnología. Sin embargo, el crecimiento siguió mostrando una composición desigual: la demanda interna permaneció relativamente débil, el sector inmobiliario continuó siendo un punto de vulnerabilidad y el consumo de los hogares no logró consolidarse como un motor suficiente para compensar la dependencia de exportaciones y estímulos. Este contraste mantiene a China como un soporte parcial para el crecimiento global, pero no elimina las dudas sobre la sostenibilidad de su recuperación.





Los mercados de deuda soberana reflejaron el reajuste al alza en las expectativas de inflación y en la trayectoria esperada de las tasas oficiales. En Estados Unidos, la rentabilidad del bono del Tesoro a 2 años subió hasta cerrar a 3,87%, la del bono a 10 años se ubicó en 4,37% y la del bono a 30 años alcanzó niveles cercanos al 4,97%. El movimiento fue consistente con una lectura de inflación más persistente y con una Reserva Federal menos dispuesta a recortar tasas en el corto plazo. A pesar del aumento en las tasas nominales, parte del ajuste estuvo explicado por mayores expectativas de inflación, mientras que las tasas reales mostraron una presión más moderada.
En Europa, los bonos soberanos siguieron una dinámica similar. Las rentabilidades de la deuda alemana a 2 y 10 años aumentaron moderadamente, mientras que las primas de riesgo de la periferia se mantuvieron relativamente contenidas. Italia, Grecia, Francia y España registraron estrechamientos en sus diferenciales, lo que muestra que, pese al deterioro del balance entre crecimiento e inflación, el mercado todavía percibió resiliencia en los riesgos soberanos europeos. En el caso de España, la rentabilidad del bono a 10 años cerró a 3,50%, siendo un movimiento ligeramente a la baja frente al mes anterior.



La renta variable global tuvo un desempeño positivo en abril, recuperándose con fuerza tras las caídas de marzo. El índice ACWI avanzó 10.03% en dólares, impulsado por mejores resultados corporativos y por una revisión al alza en las expectativas de utilidades. En los mercados desarrollados, el S&P 500 lideró el avance, con un aumento superior al de Europa. Dentro de la región europea, Italia y Alemania se destacaron positivamente, mientras que el Ibex 35 también presentó valorizaciones relevantes.
Los mercados emergentes tuvieron un desempeño aún más favorable, impulsados principalmente por Asia. Corea y Taiwán registraron avances significativos, favorecidos por la fortaleza del sector tecnológico, la demanda asociada a inteligencia artificial y la mejora en el sentimiento global hacia activos de crecimiento. América Latina también cerró el mes en terreno positivo en dólares, aunque con una dinámica más heterogénea y con México rezagado frente a otros mercados de la región.
La temporada de resultados fue un soporte central para los mercados accionarios. En Estados Unidos, con más de la mitad de las compañías del índice reportando resultados, el crecimiento de beneficios fue robusto y una proporción elevada de empresas sorprendió al alza. En Europa, aunque el crecimiento de utilidades fue menor que en Estados Unidos, también se mantuvo positivo. A nivel sectorial, tecnología y comunicaciones lideraron las ganancias en Estados Unidos, mientras que energía fue uno de los sectores más débiles, pese al nivel elevado del petróleo, reflejando toma de utilidades y preocupaciones sobre costos y márgenes. En Europa, tecnología e industriales tuvieron un mejor desempeño relativo, mientras que energía y servicios de comunicación presentaron retrocesos.


El dólar estadounidense se debilitó durante abril frente a varias monedas desarrolladas y emergentes. La corrección respondió a una combinación de menor demanda por activos refugio, mejores resultados corporativos globales y una lectura de mercado menos defensiva frente al conflicto en Medio Oriente. No obstante, el movimiento no fue lineal: cada episodio de tensión en Ormuz generó repuntes temporales del dólar y de los activos de refugio, mientras que las señales de negociación o estabilización favorecieron a monedas pro cíclicas.
El euro se apreció frente al dólar, pese a la fragilidad de la actividad europea, apoyado por la expectativa de que el BCE podría mantener una postura restrictiva por más tiempo si el choque energético se prolonga. La libra esterlina también se fortaleció, respaldada por un tono más restrictivo del Banco de Inglaterra. En materias primas, el petróleo siguió siendo la principal variable de transmisión hacia monedas emergentes y activos de riesgo: cada repunte del crudo elevó las expectativas de inflación global, pero también favoreció a economías exportadoras de energía.


En Colombia, abril estuvo marcado por la interacción de tres factores principales. Primero, la inflación de marzo volvió a sorprender al alza y reactivó la discusión sobre la persistencia de precios y la trayectoria de la tasa del Banco de la República. Segundo, el frente fiscal ganó relevancia por la rebaja de calificación soberana, las advertencias sobre la sostenibilidad de las cuentas públicas y las operaciones de manejo de deuda del Gobierno. Tercero, los mercados locales siguieron condicionados por el entorno externo, especialmente por la volatilidad del petróleo, el dólar global y las noticias asociadas al Estrecho de Ormuz.



La inflación volvió a ser el principal punto de atención para los activos locales. Según el DANE, en marzo de 2026 el IPC registró una variación mensual de 0,78%, una variación año corrido de 3,07% y una inflación anual de 5,56%. El comportamiento mensual estuvo explicado principalmente por alojamiento, servicios públicos y alimentos, mientras que las mayores variaciones se observaron en información y comunicación, y alimentos y bebidas no alcohólicas. Este dato fue superior a lo esperado por el mercado y reforzó la percepción de que el proceso de convergencia hacia la meta del Banco de la República será más lento y vulnerable a choques externos.
La inflación básica también siguió siendo motivo de preocupación. En la reunión de abril, el Banco de la República señaló que la inflación total se ubicó cerca de 5,6% y que la inflación básica sin alimentos ni regulados aumentó hasta 5,8%, alrededor de 80 puntos básicos por encima del dato de diciembre. Aunque algunas expectativas de inflación a un año se redujeron, las expectativas para el cierre de 2026 volvieron a aumentar, lo que limita la posibilidad de una postura monetaria más flexible.
En actividad económica, los indicadores de seguimiento sugieren que el crecimiento del primer trimestre habría sido superior al observado en el cuarto trimestre de 2025. El Banco de la República destacó señales favorables en demanda de energía, producción manufacturera, comercio minorista y comercio exterior de bienes. El mercado laboral también se mantuvo dinámico, con niveles de desempleo históricamente bajos y una tendencia positiva en el empleo asalariado. Este balance ayuda a explicar por qué la autoridad monetaria puede mantener una postura restrictiva sin que, por ahora, se observe un deterioro abrupto de la actividad. La lectura macroeconómica local, sin embargo, continúa siendo frágil. La economía muestra resiliencia, pero enfrenta una inflación más persistente, un entorno fiscal más exigente, mayor sensibilidad a los precios internacionales de la energía y un ciclo electoral que mantiene elevada la incertidumbre. En este contexto, la sostenibilidad de la recuperación depende de que la inflación retome una senda descendente, de que las expectativas se reanclen y de que el frente fiscal entregue señales creíbles de ajuste.


La Junta Directiva del Banco de la República decidió el 30 de abril mantener inalterada la tasa de política monetaria en 11,25%. La decisión fue unánime y sorprendió al mercado, que esperaba mayoritariamente un aumento de 50 puntos básicos. El comunicado resaltó que la Junta buscó construir consenso en una coyuntura compleja, marcada por inflación elevada, expectativas desancladas, crecimiento todavía resistente y riesgos externos asociados al conflicto en Medio Oriente.
La pausa no debe interpretarse como un giro a mantener las tasas o bajarlas en adelante. La tasa de política monetaria se mantiene en terreno contractivo y el Banco dejó claro que las próximas decisiones dependerán de la información disponible. El choque petrolero y las posibles presiones sobre fertilizantes, combustibles y otros bienes importados obligan a mantener una postura prudente. Además, el Gobierno anunció un incremento de 400 pesos por galón en la gasolina a partir del primero de mayo, medida que busca evitar un mayor deterioro del Fondo de Estabilización de Precios de los Combustibles, pero que puede generar efectos sobre inflación de corto plazo.
En el frente fiscal, abril fue un mes de alta relevancia. El Gobierno había actualizado el Plan Financiero para 2026 con una proyección de déficit total de 5,1% del PIB y déficit primario de 2,1% del PIB, cifras que el mercado percibió como optimistas frente a los riesgos de gasto, recaudo y crecimiento. Posteriormente, S&P redujo la calificación soberana de Colombia, señalando como principales preocupaciones el deterioro fiscal, la carga de deuda y los riesgos sobre la credibilidad del marco macroeconómico. Esta rebaja elevó la sensibilidad del mercado a nuevas señales de disciplina fiscal.
El Gobierno también ejecutó operaciones relevantes de manejo de deuda. Durante abril, Crédito Público retomó operaciones de colocación y recompra, incluyendo colocaciones directas de TES y TCO, recompras de TES de largo plazo y una recompra de bonos externos por un monto cercano a 4.500 millones de dólares. Estas operaciones buscaron reducir gasto en intereses, mejorar el perfil de deuda y disminuir la exposición en dólares. Adicionalmente, el cambio regulatorio que reduce gradualmente el límite de inversión de los fondos de pensiones en activos del exterior generó expectativas de mayor demanda estructural por activos locales, lo que ayudó a compensar parcialmente el impacto negativo de la rebaja de calificación.
A lo anterior se sumó la discusión sobre el Decreto 0415, relacionado con el traslado de recursos desde los fondos privados hacia Colpensiones. Aunque inicialmente el mercado incorporó el riesgo de ventas forzadas de activos locales por parte de inversionistas institucionales, el Consejo de Estado suspendió provisionalmente el decreto, reduciendo temporalmente ese riesgo. El episodio mostró, no obstante, que los cambios regulatorios sobre el sistema pensional pueden seguir siendo una fuente de volatilidad para los mercados de deuda y acciones.


El peso colombiano se apreció frente al dólar durante abril, aunque con un desempeño más moderado que el de otras monedas de América Latina. La tasa de cambio, pasó de 3.675 pesos por dólar al cierre de marzo a 3.634,30 pesos por dólar al cierre de abril. La apreciación fue contenida por las compras de dólares realizadas por el Ministerio de Hacienda, asociadas a operaciones de manejo de deuda y a la preparación de recompras externas.
El comportamiento de la moneda estuvo determinado por fuerzas opuestas. Por un lado, la debilidad global del dólar, la expectativa de una política monetaria local restrictiva, el nivel elevado del petróleo y la posibilidad de mayores flujos hacia activos locales favorecieron al peso. Por otro lado, la incertidumbre fiscal, la rebaja de calificación soberana, el ruido regulatorio sobre fondos de pensiones, las compras de divisas del Gobierno y la incertidumbre electoral limitaron la magnitud de la apreciación.



El mercado de deuda pública local tuvo un comportamiento diferenciado entre TES tasa fija y TES UVR. La curva de TES tasa fija registró presiones al alza en varios tramos durante abril, afectada por el aumento de los rendimientos de los Tesoros de Estados Unidos, la revisión alcista de expectativas de inflación, la rebaja de calificación soberana y la incertidumbre alrededor de las decisiones del Banco de la República. En contraste, la curva UVR presentó valorizaciones, reflejando mayor demanda por instrumentos indexados en un entorno de inflación más persistente.
El movimiento de la curva tasa fija no fue homogéneo. Algunos nodos cortos se valorizaron, mientras que varios vencimientos de la parte media y larga presentaron aumentos de tasa. Esto evidencia que el mercado está diferenciando entre el atractivo del carry en plazos cortos y medios, y los riesgos de duración en la parte larga de la curva. La pendiente de la curva sigue siendo una variable clave: el escenario de tasas altas por más tiempo, junto con expectativas de inflación todavía elevadas, favorece estrategias más selectivas y evita una exposición excesiva a vencimientos largos.
Las operaciones de manejo de deuda del Gobierno fueron un soporte relevante, especialmente por las recompras de TES y bonos externos. Sin embargo, este soporte convivió con riesgos importantes. La rebaja de S&P a la calificación soberana de Colombia y la discusión sobre la independencia del Banco de la República aumentaron la sensibilidad de los inversionistas a cualquier señal de deterioro institucional o fiscal. Además, la posible venta de activos locales asociada a cambios pensionales generó episodios de volatilidad, aunque la suspensión provisional del Decreto 0415 redujo parte de esa presión.



La renta variable local tuvo un mes volátil. El MSCI COLCAP finalizó abril alrededor de 2.178 puntos, con una caída mensual cercana a 4,7% frente al cierre de marzo. El retroceso estuvo explicado por la combinación de mayor prima de riesgo país, dudas fiscales, incertidumbre sobre eventuales traslados de recursos del sistema pensional y presión sobre emisores ligados al sector petrolero. La rebaja de Ecopetrol y el debate sobre su gobierno corporativo afectaron el apetito por el principal emisor energético, mientras que los anuncios de recompras corporativas ofrecieron soporte puntual al sector financiero y a algunos emisores no petroleros.


Para los fondos de inversión colectiva, se mantiene una estrategia conservadora, flexible y defensiva. En los portafolios de corto plazo se priorizan altos niveles de liquidez y duración corta, aprovechando el diferencial entre liquidez e inversiones de corto plazo. En renta fija gobierno, la visión favorece la parte corta y media de la curva, con subponderación en la parte larga y una lectura de empinamiento de la curva. En UVR se mantiene una exposición más prudente, dado que la inflación implícita continúa por encima del rango meta del Banco de la República.
En crédito local, el posicionamiento se mantiene sobreponderado, con preferencia por instrumentos que ofrezcan carry atractivo y una adecuada compensación por riesgo. A nivel internacional, la renta fija en dólares se mantiene neutral, con preferencia relativa por deuda emergente frente a mercados desarrollados. En renta variable, la posición local es neutral, mientras que en renta variable internacional se conserva una postura neutral general, con preferencia por emergentes, neutralidad en Europa y subponderación en Estados Unidos. En moneda, la visión estratégica mantiene subponderación en dólar, aunque tácticamente se reconoce la conveniencia de conservar flexibilidad ante la volatilidad del entorno externo.
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