Comentario Mensual Mayo 2026
17 de junio de 2026
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El evento que ordenó la lectura global de mayo fue la reversión parcial del choque energético. Durante la primera mitad del mes, el mercado asignó una prima elevada al riesgo de interrupciones en el Estrecho de Ormuz; posteriormente, las señales de negociación entre EE. UU. e Irán redujeron la probabilidad de un escenario extremo y permitieron que el petróleo corrigiera.


Ese movimiento alivió en parte las expectativas de inflación, pero no eliminó la incertidumbre sobre suministro, logística y efectos de segunda vuelta. Así las cosas, el petróleo en su referencia brent cerró el mes por niveles del USD 92,05, con una caída del 19,26% en el mes y el WTI cerró al USD 87,35 con un retroceso de 16,85%.





En Estados Unidos, los indicadores macroeconómicos ratifican una desaceleración de la actividad productiva que, no obstante, mantiene su integridad estructural. La revisión del PIB correspondiente al primer trimestre reportó una expansión anualizada del 1,6%, cifra inferior a las proyecciones preliminares que esperaban un 2,1%, sustentada por la persistencia del consumo y el aporte sostenido de la inversión al ciclo económico. Por su parte, el mercado laboral exhibió resiliencia mediante una dinámica de contratación favorable y una tasa de desocupación cercana al 4,3%.
La inflación estadounidense afectada por los precios del petróleo siguió condicionando las expectativas de tasas. El IPC anual de abril se ubicó en 3,8% y la inflación subyacente en 2,8%. Con esas cifras, el mercado pasó de discutir una pausa prolongada a incorporar cierta probabilidad de nuevas alzas si la desinflación vuelve a estancarse. La Fed, por tanto, conserva un sesgo prudente: prefiere observar más evidencia antes de validar cualquier giro hacia condiciones financieras más laxas.


En la eurozona, el crecimiento fue frágil y heterogéneo. El PIB del primer trimestre apenas avanzó 0,1% trimestral, con mejor desempeño relativo de España y Alemania, y señales más débiles en Francia e Italia. El deterioro de indicadores adelantados, especialmente en servicios, sugiere que el shock energético siguió afectando la demanda. La inflación general repuntó hasta 3,0%, mientras la subyacente bajó a 2,2%, una combinación incómoda para el BCE porque mezcla actividad débil con riesgo de precios.
Asia mostró una dispersión mayor.


China mantuvo soporte en exportaciones y tecnología, pero con consumo interno todavía débil y presión en el sector inmobiliario. Japón ofreció una lectura más positiva, con crecimiento de primer trimestre por encima de lo previsto y respaldo del consumo. En emergentes asiáticos, el atractivo de la cadena de semiconductores volvió a canalizar flujos hacia Corea y Taiwán.





No obstante el complejo entorno geopolítico, los activos de renta variable global registraron un desempeño positivo impulsado primordialmente por reportes corporativos favorables y una atenuación de las tensiones internacionales hacia el cierre del periodo.
El índice MSCI World experimentó una revalorización del 4,6% en términos de dólares, mientras que el S&P 500 presentó un incremento aproximado del 5,3%, fundamentado en el sólido comportamiento del sector tecnológico. Cabe destacar que el dinamismo del mercado no fue uniforme; las organizaciones con exposición directa a la inteligencia artificial y a la industria de semiconductores capitalizaron la mayor proporción de los retornos, en contraste con el rezago observado en los sectores defensivo y energético.
Los mercados emergentes cerraron un mes de mayo de 2026 marcado por la volatilidad, donde el índice MSCI EM reflejó pérdidas generalizadas debido al endurecimiento de las perspectivas de tasas de la Reserva Federal y el desplome de las materias primas. Sin embargo, el comportamiento del bloque volvió a mostrar una profunda divergencia regional. A pesar de la presión macroeconómica global, mercados como Taiwán y Corea del Sur lograron amortiguar las caídas e incluso registrar avances selectivos en dólares, impulsados por la sólida demanda tecnológica y su posición estratégica en la cadena de suministro de Inteligencia Artificial. En contraste, la región latinoamericana fue la más castigada en dólares. El severo desplome de los precios del petróleo golpeó con fuerza a los exportadores de crudo, un impacto que se vio amplificado por la depreciación cambiaria y el ruido político local.





En el segmento de renta fija, el periodo se caracterizó por dos fases distintivas. Inicialmente, los rendimientos experimentaron una tendencia al alza, impulsados por las preocupaciones en torno a la inflación energética y la perspectiva de una postura más restrictiva por parte de la Reserva Federal. Posteriormente, la corrección en los precios del crudo propició una recuperación parcial en las valoraciones de los títulos de deuda. La referencia del Tesoro de EE. UU. a 10 años finalizó el mes en niveles cercanos al 4,4%, tras haber alcanzado máximos próximos al 4,7% a mediados del periodo. Simultáneamente, en el mercado europeo, las tasas soberanas alemanas registraron retrocesos, lo que resultó en una ampliación del diferencial de tasas frente a los activos estadounidenses.
El crédito corporativo mostró una notable resistencia de cara a la mitad de 2026. Los diferenciales (spreads) de grado de inversión (IG) y alto rendimiento (high yield) se mantuvieron en niveles históricamente ajustados tanto en EE. UU. como en Europa, lo que indica que el mercado siguió separando la volatilidad macroeconómica de los fundamentales empresariales. Este comportamiento se vio respaldado por la solidez de los balances de las empresas de gran capitalización y el auge continuo de la inversión en Inteligencia Artificial y tecnología, factores que amortiguaron el endurecimiento de las condiciones financieras globales.
No obstante, las debilidades en las empresas con menor calificación crediticia comenzaron a ser más evidentes al cierre del semestre. Mientras que los emisores de alta calidad absorbieron con éxito la presión de una inflación persistente —con el PCE subyacente situándose en el 4,4%—, los tramos de deuda especulativa, los préstamos sindicados tradicionales y el crédito privado empezaron a reflejar tensiones latentes. El encarecimiento del costo del dinero y la necesidad de refinanciar deuda emitida a tasas bajas en años previos reactivaron los riesgos de impago en las estructuras corporativas más apalancadas y de baja calificación.


Las materias primas estuvieron dominadas por la corrección en los precios del crudo de referencia Brent, el cual arrastró al índice general del sector a una caída del -3.6% tras retroceder por debajo de la barrera de los $100 por barril (promediando los $97 dólares). En paralelo, el oro extendió su racha bajista por tercer mes consecutivo, cerrando con una pérdida neta del -2.1% para situarse cerca de los $4,570 por onza, lo que evidencia el repliegue de las posiciones de refugio inmediato a pesar de la persistencia de los desequilibrios fiscales. Este escenario dio soporte al dólar estadounidense (DXY), que avanzó un moderado +0.3% en el mes (alrededor de los 98.9 puntos) frente a sus pares desarrollados, ante un diferencial de tasas favorable y la creciente convicción de que la Fed cuenta con un margen de maniobra muy acotado para flexibilizar su política monetaria.


Al cierre del mes de mayo, el mercado local colombiano exhibió una acentuada sensibilidad ante factores de índole idiosincrática en comparación con períodos precedentes. Si bien el entorno externo mantuvo su relevancia —específicamente en lo concerniente a la dinámica de los Treasuries, el mercado petrolero y la evolución del dólar a nivel global—, el comportamiento de los activos locales estuvo primordialmente condicionado por las determinaciones de política monetaria, el ciclo electoral, las estrategias de financiamiento gubernamental y diversos fallos judiciales con implicaciones directas sobre el sistema pensional y la autoridad monetaria.
En términos de actividad económica, el balance macroeconómico resultó favorable: el Producto Interno Bruto correspondiente al primer trimestre registró una expansión anual del 2,2%, mientras que la tasa de desempleo nacional para el mes de abril se situó en el 8,8%. No obstante, la inflación anual del 5,68% persiste en una brecha considerable respecto a la meta establecida, lo que impone una interpretación cautelosa del proceso de recuperación. La solidez del crecimiento actual no se percibe suficiente para mitigar eventuales choques fiscales o de confianza; simultáneamente, los niveles inflacionarios restringen la posibilidad de adoptar una postura monetaria más flexible.



La inflación sigue siendo el tema de mayor relevancia en términos económicos en el país. El dato de abril, que ubicó el IPC anual en 5,68%, confirma que llegar a la meta del 3% será un proceso lento y expuesto a variaciones en precios de alimentos, servicios y combustibles. Por esto, aunque las tasas de interés reales siguen siendo elevadas, el Banco de la República tiene poco espacio para bajarlas hasta que las expectativas de inflación disminuyan de forma clara.
La Junta del Banco de la República mantuvo la tasa de intervención en 11,25% al cierre de abril. La decisión fue sorpresiva para una parte del mercado que anticipaba un incremento adicional, y por eso tuvo efectos sobre la tasa de cambio y sobre las expectativas de carry. La lectura para portafolios es que la autoridad monetaria privilegió la estabilidad institucional y de mercado, pero dejó abierta la posibilidad de reaccionar con mayor contundencia si inflación y expectativas se alejan de la senda deseada.


El peso colombiano se debilitó en mayo en un entorno de mayor fortaleza global del dólar. La tasa de cambio de cierre el 29 de mayo se ubicó en COP 3.646,58. En términos mensuales, la depreciación fue cercana a 0,7%, aunque en doce meses la moneda todavía acumulaba una apreciación superior a 11%. Esta combinación muestra un activo que conserva soporte estructural por tasas y flujos, pero que se volvió más vulnerable a titulares locales; esto significa que su cotización comenzó a mostrar una alta sensibilidad y volatilidad frente al ruido político interno, los debates de reformas del gobierno y las declaraciones oficiales, factores que elevaron la cautela de los inversionistas y contrarrestaron temporalmente la solidez de sus fundamentos económicos.
La reacción cambiaria estuvo determinada por tres componentes clave. El primero, de carácter externo, se debió al fortalecimiento del índice del dólar, que avanzó aproximadamente un 0,9%, mientras el mercado ajustaba al alza sus expectativas sobre las tasas de la Reserva Federal ante datos de inflación más persistentes en EE. UU. El segundo componente, de naturaleza doméstica, obedeció a la pausa en el ciclo de recortes por parte del Banco de la República, lo cual redujo el atractivo marginal de la estrategia de carry trade frente a las proyecciones previas del mercado. Finalmente, el componente de flujos estuvo marcado por la gestión del Ministerio de Hacienda, que habría adquirido más de USD 1.000 millones para concretar la operación del TRS, financiándose a través de instrumentos de corto plazo con entidades del sector público.
El componente electoral también pesó. A medida que se acercó el cierre de mes, los inversionistas incorporaron con mayor intensidad escenarios de cambio político y posibles ajustes en la orientación fiscal y regulatoria. El peso pasó de niveles superiores a COP 3.800 a mitad del mes a un cierre más bajo, pero aun así terminó como una de las monedas más débiles de la región en el balance de mayo. Para junio, la evolución electoral, la reunión de BanRep y el desenlace del riesgo energético serán determinantes para definir si la tasa de cambio permanece en rango o inicia un movimiento más direccional.


La oferta de deuda se constituyó como un eje central de la gestión financiera. El Gobierno incrementó la disponibilidad de TES en aproximadamente COP 63 billones en los primeros cinco meses de 2026, mediante subastas (COP 31 billones), operaciones convenidas (COP 20 billones) y canjes de TCO (COP 12 billones). El evento más relevante fue la subasta de TES en pesos del 13 de mayo, la mayor en la historia del país, donde el Ministerio de Hacienda colocó $6,0 billones frente a una demanda masiva (superior a $12,3 billones), lo que impulsó las tasas al alza, cercanas al 14,79% para los títulos a 2030, reflejando las alertas del mercado sobre la situación fiscal.
Adicionalmente, la Nación completó exitosamente el cierre total de la operación de Total Return Swap (TRS) el 29 de mayo, como parte de su estrategia de manejo de deuda para aliviar el perfil fiscal. El ritmo sostenido de emisión, que ya ha utilizado cerca de COP 51 billones del cupo de COP 77 billones previsto en el Plan Financiero para subastas y operaciones convenidas, mantiene al mercado vigilante respecto a la sostenibilidad fiscal. Por consiguiente, el Marco Fiscal de Mediano Plazo ejercerá una influencia significativa en las expectativas de oferta, déficit y trayectoria de la deuda.
La curva de TES tasa fija registró un desplazamiento promedio de 8 puntos básicos durante el mes, con un alza de 1 punto básico en la curva UVR. La respuesta de las referencias fue heterogénea, con los nodos medios y largos manteniendo niveles cercanos al 14%, lo que colectivamente indica que el mercado continuó exigiendo una prima elevada en compensación por el riesgo fiscal, electoral y de duración.
Finalmente, las decisiones judiciales relacionadas con el esquema de pensiones mantienen vigente la incertidumbre sobre la estructura de flujos futuros. La discusión sobre el sistema pensional y las necesidades de financiamiento del Gobierno continuarán condicionando la oferta de títulos y el apetito de los inversionistas institucionales, factores que exigen un monitoreo constante de la estabilidad normativa.



La renta variable colombiana continuó mostrando una lectura más selectiva que direccional. Los sectores financiero y energético conservan relevancia por liquidez, dividendos y generación de caja, pero también son los más sensibles a tasas, petróleo, regulación y ciclo político. Tras el fuerte retorno acumulado en 2025, las valorizaciones siguen ofreciendo oportunidades puntuales, aunque con menor margen de seguridad que en la fase inicial de recuperación.
El calendario de junio concentra varios catalizadores: reacción de mercado a la primera vuelta presidencial, potencial segunda vuelta, publicación del Marco Fiscal de Mediano Plazo, datos de actividad y confianza, además de la reunión del Banco de la República al cierre del mes. En este entorno, la volatilidad no debe interpretarse únicamente como riesgo, sino también como fuente de puntos de entrada para estrategias con liquidez disponible y límites claros de duración y exposición cambiaria.
El balance local para portafolios es, por tanto, de prudencia activa. La economía conserva un crecimiento positivo y el diferencial de tasas sigue siendo atractivo, pero el mercado demanda compensación por la incertidumbre fiscal, institucional y electoral. La prioridad debe ser evitar concentraciones excesivas en duración larga o en riesgo local no cubierto, manteniendo flexibilidad para ajustar después de los eventos de junio.


La lectura combinada de fuentes apunta a una estrategia defensiva dado el alto nivel de incertidumbre local generado por las próximas elecciones presidenciales. La caída del petróleo y el buen desempeño de la renta variable global redujeron la urgencia de refugio, pero no justifican abandonar liquidez ni cobertura. La asignación debe buscar capturar rendimiento sin comprometer la capacidad de reacción.





La recomendación mantiene preferencia por TES de corto y mediano plazo frente a la parte larga. El argumento central es la relación entre carry y riesgo dado que los tramos cortos y medios ofrecen remuneración elevada y menor sensibilidad a cambios de prima fiscal, mientras los vencimientos largos están más expuestos a revisión del Marco Fiscal, oferta adicional de deuda, ruido electoral y movimientos de Treasuries.
La curva conserva riesgo de empinamiento; si el Banco Central permanece restrictivo y el mercado exige más prima por riesgo dado el nivel de déficit fiscal o por el alto nivel de incertidumbre política, el tramo largo podría experimentar un ajuste más profundo que la parte corta de la curva.


El crédito colombiano debe trabajarse con selectividad. La postura es neutral en corto plazo y constructiva en plazos medio y largo cuando el spread compense adecuadamente el riesgo de tasas y liquidez. La preferencia se concentra en emisores de alta calidad, estructuras simples y vencimientos donde el carry supere de forma clara a las alternativas de liquidez.
Por indexador, el IPC mantiene atractivo táctico en vencimientos cortos, debido a una inflación que converge lentamente. En horizontes más largos, la tasa fija gana relevancia si las tasas incorporan suficiente prima. UVR puede complementar portafolios que busquen protección real, pero debe evaluarse contra la pérdida de carry relativo y contra la liquidez de cada referencia.





La renta fija internacional en dólares conserva una recomendación favorable, especialmente en deuda emergente de buena calidad. El contexto global aún ofrece carry, pero la Fed no tiene incentivos claros para relajar las condiciones financieras de manera rápida. En mercados desarrollados, la duración estadounidense debe manejarse con cautela; en Europa, la caída de tasas ofrece soporte, aunque el BCE sigue limitado por energía e inflación.
En crédito global, los diferenciales comprimidos obligan a ser selectivos. Grado de inversión y alto rendimiento pueden mantenerse en neutralidad, con énfasis en balances sólidos, generación de caja y bajo riesgo de refinanciación. La compresión de spreads de mayo es positiva, pero también reduce el colchón ante nuevos episodios de volatilidad.





La renta variable internacional mantiene un sesgo favorable, apoyada por beneficios y por la continuidad del ciclo de inversión en inteligencia artificial. Sin embargo, el liderazgo está concentrado. La exposición debe diversificarse entre EE. UU., Japón y Asia emergente, evitando que el portafolio dependa exclusivamente de un grupo reducido de mega compañías tecnológicas.
En renta variable local, la postura es neutral. Existen oportunidades en compañías con balances sólidos, dividendos sostenibles y generación de caja, pero la incertidumbre regulatoria y electoral limita una sobre ponderación amplia. El mercado puede ofrecer puntos de entrada después de episodios de volatilidad, especialmente en sectores donde los fundamentales sigan desacoplados del ruido político.
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